2016-2017. América a dedo

 


 

En Octubre de 2016 dejamos nuestros trabajos de oficina y laboratorio. Pinchamos nuestra pequeña burbuja de comodidad y empacamos todo lo necesario en dos mochilas. Volamos sin fecha de regreso a São Paulo (Brasil). Nuestro plan era no tener plan y dirigirnos allá donde el camino nos pusiera.

Así, recorrimos toda la costa brasileña a dedo durante dos meses hasta llegar a Belem. Acampamos en lugares donde jamás hubiéramos imaginado, aprendimos portugués con los camioneros que nos recogían, nos invitaron a comer y a dormir en casas de desconocidos que se convirtieron en amigos, nos bañamos en playas salvajes, fuimos devorados por mosquitos y abrasados por el calor... pero sobre todo, algo dentro de nosotros empezó a cambiar.

Llegamos al corazón civilizado de la selva amazónica (Manaos) y vivimos las navidades lejos de nuestro hogar pero en familia. Emprendimos de nuevo el rumbo. Esta vez, remontando el Río Amazonas en barco durante 7 días hasta la triple frontera entre Colombia, Perú y Brasil.

 

Barco Amazonas

En el Amazonas oímos, vivimos y experimentamos las historias y leyendas de los indígenas. Empezamos a entender que la vida a la que estamos acostumbrados no es la única forma de vida y que existen otras culturas que te hacen replantear toda tu existencia. En total pasamos un mes en la selva.

Volamos a Bogotá. Cambiamos los paisajes verdes infinitos, el calor sofocante y la ropa húmeda por las montañas que llegan al cielo, el frío y la calidez humana de Colombia. Gozamos de la vida citadina desde la tranquilidad y el sosiego de dos viajeros sin prisa por nada.

Vagamos por la bella Colombia a través de sus pueblos coloniales protegidos por las montañas Andinas hasta llegar a la Guajira. Allí quedamos atrapados por la magia de los pueblos indígenas que siguen gobernando en sus territorios. Los atardeceres nos nublaron los ojos y nos encendieron el corazón que reflejaba el rojo vivo que se veía en los cielos antes de caer la noche.

Guiados y cuidados por ese espíritu viajero, que inexplicablemente pone en tu paso todo lo que necesitas, visitamos Barranquilla, Cartagena en pleno festival Internacional de Cine, Medellín y su vida nocturna, y acabamos nuestra paso por Colombia en Manizales. Aquí compartimos dos semanas de risas, de aventuras y de cariño con nuestra otra familia de acogida.

 

Atardecer cactús

Era tiempo de cambio, Perú sufría fuertes lluvias y el papá de Eva nos esperaría en Cuba en un par de meses. Como no había plan y el cuerpo nos pedía "guerra" decidimos sobrevolar el Darién para llegar a Panamá.

Desde aquí empezamos una carrera a contrarreloj: cruzarnos Centroamérica a dedo en 45 días. No era el estilo de viaje que más nos gustaba, pero disfrutamos como niños las horas que pasamos en la parte de atrás de las camionetas que nos recogían a pie de carretera.

En Costa Rica visitamos uno de los Parques Naturales con más biodiversidad del mundo, el PN Corcovado. Avistamos animales de todo tipo, acampamos en playas de color negro bañadas por el azul pacífico y una maravillosa pareja estadounidense nos regaló la noche de "Hotel" más lujosa que habíamos vivido. Seguimos camino.

Llegamos a Nicaragua desorientados, en medio de la noche y con las legañas de un recién levantado. Aprendimos una lección que nos costó 10 $: las fronteras no son el mejor lugar para ir sonámbulo. No empezamos con buen pie pero salimos saltando de alegría entre volcanes humeantes y gente de gran corazón para darle paso a nuestra experiencia subacuática.

 

Utila, una isla diminuta en el caribe hondureño era nuestro lugar de vacaciones dentro del viaje. Pasamos dos semanas de buceo entre corales, tiburones, tortugas, peces de miles de colores y nos presentaron, cara a cara, al Tiburón Ballena. Un encuentro indescriptible.

Se acercaba el día del vuelo a Cuba y aún nos quedaba cruzar Guatemala y el sur de México.

El paso por Guatemala fue fugaz. Aquí ya se notaba la influencia de México en su gastronomía y sus vestimentas. Regada por cantidad de ruinas Mayas de gran importancia decidimos pararnos en Tikal, una de las ciudades Mayas más majestuosas.

¿Nos gustó? Sí, pero debe ser impresionante acampar allí, ver el atardecer entre las ruinas con las sombras de los templos perfectamente alineadas y dejarte envolver por la neblina nocturna (la próxima vez será).

Dejamos Centro América para adentrarnos en América del Norte por la puerta grande... ¡MÉXICO! Qué sabores, qué gente, qué playas, qué cultura... Únicamente pudimos disfrutar de su parte más turística, Quintana Roo y Yucatán, con sus playas de mil azules y sus cenotes que llegan al centro de la tierra, pero fue suficiente para darnos cuenta del gran potencial de este país. Nos prometimos que volveríamos para recorrerlo entero con la pausa y la tranquilidad que se merece.

 

Eva en Tulum

Abandonamos tierra continental volando desde Cancún hasta la Habana, en Cuba. Allí nos esperaban con los brazos bien abiertos el papá de Eva y su mujer. Con ellos y su familia disfrutamos de comilonas que nos hicieron recobrar fuerzas y kilos de peso. Pasamos de los brazos familiares a las garras de los cubanos desesperados por ganar 1$ por culpa de un sistema político hipócrita. Decidimos alejarnos en bicicleta y pedalear por los lugares menos turísticos.

Cuba, es Cuba.

 

El dinero que habíamos podido juntar al inicio del viaje se estaba agotando y no podíamos volver a casa con las manos vacías. Necesitábamos el sustento para el siguiente gran viaje.

Los billetes eran relativamente económicos, el destino nos llamaba la atención y nos habían dicho que era fácil encontrar trabajo bien remunerado. Recibimos la visita de los papás de Sergio en Vancouver (Canadá), donde pudimos ver la mirada de unos niños grandes abrumados por lo que este país ofrece.

Así es como acabamos trabajando en la recogida de la fruta en el Okanagan Valley durante 3 meses recuperando todo el dinero invertido (y un poco más) en los 9 meses anteriores.

 

 

Esta es la história del viaje que cambió nuestras vidas.

RECORRIDO