Sergio Luna

Punta Gallinas
¡Este es Sergio!

Una de las cosas que menos me ha gustado en la vida son las letras. Sobre todo, cuando en clase me pedían hacer redacciones o escribir cualquier cosa desde cero, donde todo tenía que venir de mi limitada capacidad para escribir con cierto gusto.

Por eso, he intentado en esta descripción personal las mismas técnicas que utilizaba en clase: copiarme o que alguien hiciera el trabajo sucio. Tras mucho insistirle a Eva, no ha habido forma de convencerla para que me hiciera esta parte del blog (copiarme no era una opción), así que aquí me tenéis, saliéndome de mi zona de confort para hacer algo en lo que nunca me he encontrado cómodo.

Me llamo Sergio, he superado ya las tres décadas y nací en un pueblo del extrarradio de Valencia (España). Digo nací, y no soy, porque no me considero ni valenciano, ni español, ni europeo. No es porque me hayan llamado chino toda la vida, o porque me pregunten allá donde voy, si soy colombiano, marroquí o indonesio, sino porque me considero ciudadano del mundo y, aunque gran parte de mi personalidad haya sido confeccionada por la cultura en la que me he desarrollado, siento curiosidad por saber si esa cultura es la que me es más afín.

Soy biólogo de formación y “bichólogo” de nacimiento. Siempre voy con la cámara a cuestas, buscando “bichos” de los que cualquier otra persona huiría en sentido contrario.

Curioso e inconformista. Siento la curiosidad de conocer el mundo que nos rodea y la inconformidad de seguir las reglas sociales que me han venido impuestas por educación y cultura. No suelo acabar lo que empiezo; soy adicto a probar cosas nuevas, cansarme y dejarlas. Esto puede ser más un defecto que una virtud, pero gracias a ello, tengo un abanico de experiencias bastante amplio.

Y me encanta viajar. Viajar a países donde todo es nuevo para mí. Porque allá donde voy me siento como en casa: cómodo y en sintonía conmigo mismo. Es el mecanismo que he encontrado para saciar esta curiosidad y no llegar a cansarme nunca.

Y lo mejor de todo esto es que no lo hago solo. He encontrado a mi alma mater con la que comparto uno de los mejores momentos de mi vida. Que me alimenta a ser mejor persona y que cuando vuelvo la mirada ahí está ella, con una sonrisa en los labios, ya sea llena de barro hasta los ojos en mitad de la jungla de Brasil, o como una princesa cenando en un restaurante de una plaza de Meknes.