Cómo empezó todo

Nosotros fuimos compañeros de trabajo y amigos, bastante tiempo antes de ser pareja, o como a nosotros nos gusta definirlo, de convertirnos en compañeros de vida. Entre las aficiones, gustos y proyectos similares que con independencia ambos habíamos forjado, también estaba la idea de recorrer mundo, dedicarnos por un tiempo exclusivamente a viajar. No sabíamos cuándo, cómo, ni con quién, pero sí que algún día lo haríamos. Ya sabéis, una de esas promesas que uno se hace a sí mismo, “Cosas que hacer antes de morir”, y todo eso.

En el primer viaje que hicimos en conjunto, fuera de territorio español y ya conociéndonos más que como amigos, Sergio me dijo lo siguiente: “En septiembre, pase lo que pase, nos vamos” (para septiembre quedaba más de medio año). Sacó su cámara de vídeo, dándole un toque formal a la situación, y yo, envalentonada con las dos copas de vino que nos habíamos tomado para comer, y sacando a relucir una faceta competitiva que sale a pasear cuando se me presenta algún reto, le estreché la mano y acepté, con aire solemne. Este momento quedó grabado y podéis verlo en el vídeo que os adjuntamos abajo (la Era de la Comunicación también tiene sus ventajas, jejeje).

La propuesta quedó aparcada al poco tiempo, como uno de esos momentos que se viven intensamente pero se diluyen con el aire. Los dos seguíamos atados a un trabajo estable y a una vida que nos gustaba (aunque no tanto como esto). Además, yo había comenzado un posgrado que, tras tanta escasez en mis horas de sueño, y tanto malabarismo para compaginarlo con trabajo, no quería dejar a medias. Sin embargo, la idea seguía reapareciendo a escondidas, como un pequeño secreto que uno no se atreve a confesar, hasta que al final se convirtió en un chicle pegajoso del que no conseguíamos desprendernos. Un soleado día de agosto, completamente normal y rutinario, Sergio me estaba esperando en la puerta a la salida del trabajo. Nada más verlo le dije: “¿Te acuerdas del reto? Lo acepto, en serio”. Al principio creyó que me estaba marcando un farol, pero a la semana ya estábamos los dos, en el mismo despacho, hablando con nuestra jefa. Poco después, la noticia se extendió entre familiares y amigos como un rumor certero y… Cumpliendo con lo prometido, aunque con algo de retraso, en octubre estábamos cogiendo un vuelo que cambiaría por siempre la trayectoria de nuestras vidas, rumbo a Brasil.

Podéis seguir nuestra historia en la primera entrada del blog, “Sao Paulo… Nuestro primer destino“.