Ganar dinero rápido: trabaja de picker en Canadá

El destino, la suerte, o nuestra propia elección, nos llevó a Canadá. Era nuestro octavo mes de viaje y las arcas monetarias se estaban agotando. Teníamos que buscar, y encontrar, algo para ganar dinero.

Durante el viaje habíamos oído varias historias sobre trabajos temporales muy bien remunerados que te hacían ganar miles de dólares en poco tiempo y que además quedaban dentro del continente americano. Los dos trabajos destacados de la lista eran el trimming de marihuana en California y la cosecha de la cereza en Canadá.

Después de oír varias historias sobre ambas opciones, nos decidimos por Canadá.

Puente Capilano
Puente Capilano, Vancouver (Canadá)

Tras ganar unos 10.000$ canadienses cada uno en aproximadamente 75 días, decidimos hacer este post para guiar a las personas que quieran probar suerte con este tipo de trabajo.

¡Adelante!

 

¿Qué necesito para entrar en Canadá como turista?

Dependiendo de tu país de origen necesitarás una documentación u otra. Lo mejor es que lo consultes en el enlace de abajo para ver cuál es la documentación que se exige a tu nacionalidad.

www.cic.gc.ca/english/visit/eta-facts-en.asp

Para los españoles es necesario:

  • Rellenar el formulario online (eTA) y abonar las tasas de 7 CAD (dólares canadienses). En un periodo máximo de 48 horas te envían un email con la confirmación de tu solicitud donde te dicen si eres apto o no para entrar en el país. No hace falta imprimir el email, ni anotar nada.

En este enlace puedes acceder a toda la información y solicitar tu eTA:

www.cic.gc.ca/english/visit/eta.asp

  • En el aeropuerto necesitarás tener el pasaporte al día y con una caducidad superior a los 6 meses.
  • Vuelo de salida del país. A veces lo piden a veces no. Si no quieres jugártela puedes comprar un vuelo en la fecha que planeas salir. Otras opciones son: falsificar un billete de salida o puedes comprar por 10€ una reserva de billete en esta página.

www.flyonward.com/es

  • Seguro de viaje

A nosotros no nos pidieron nada más que el pasaporte. La eTA ya la tienen en su base de datos.

 

¿Qué necesito para trabajar en Canadá legalmente?

La archiconocida Working Holiday Visa que en Canadá le llaman IEC (International Experience Canadá). Con este visado puedes trabajar y viajar por el país durante un año legalmente.

Tienes que cumplir una serie de requisitos, como por ejemplo, tener menos de 35 años. Después de rellenar un cuestionario verificarán si eres apto o no para la IEC.

Una vez eres reconocido como APTO pasas al “pool” de candidatos desde el cual se realiza una selección aleatoria.

trabajando manzanos
Así quedábamos tras un duro día recogiendo manzanas

Conseguir la IEC es una lotería y cada vez es más difícil que te toque (la demanda aumenta y el cupo no). Sin embargo, no pierdes nada por intentarlo. Verifica en el enlace cuándo se abren los periodos para solicitarla.

Evita cualquier página que no sea la oficial para tramitar este visado. Muchas son estafas y las que no lo son te cobran por algo que puedes hacer tú perfectamente. La página oficial de Canadá para tramitar la IEC y acceder a la información necesaria es:

www.cic.gc.ca/english/work/iec/

 

No tengo el visado IEC, ¿puedo trabajar en Canadá?

Sí, puedes.

Muchísima gente que está trabajando en las orchards lo hace sin el IEC y están cobrando sin problemas. En todo el país, y concretamente en el Okanagan Valley, se necesita mucha mano de obra que los propios canadienses no cubren. Esto es algo que el gobierno sabe y por eso “hace la vista gorda”.

Sin embargo, trabajar con la IEC bajo el brazo te proporciona una serie de ventajas:

  • Variedad de empleos a los que optar.
  • Se ven carteles de HIRING (contratando) por todas partes; locales comerciales, restaurantes, tiendas de ropa,… A estos puestos no puedes acceder sin tu IEC.
  • Trabajar de forma legal y segura.
  • Devolución de las tasas.
  • Seguro médico.
  • Seguridad en el pago.

Nosotros te recomendamos trabajar con la IEC y no jugártela.

 

¿En qué puedo trabajar?

Con tu IEC puedes optar a toda clase de trabajos; recepcionista, camarero, cocinero, canguro… Lo trabajos que requieren experiencia y una continuidad por encima del año no suelen aceptar a personas que solo vayan a estar una temporada.

Cártel contratación
Se veían multitud de carteles de contratación. En este caso para trabajar en Tim Hortons, una famosa cadena canadiense.

Lo más rentable económicamente, tanto por lo que ganas como por lo que gastas, es trabajar en las orchards o farms (cultivos o granjas) recolectando fruta o manteniendo cultivos. El truco está en que no tienes que invertir en alojamiento. En algunos sitios pagas una cuota mensual irrisoria en comparación a lo que podría costarte alquilar un piso o una casa por la zona. En otros directamente, el alojamiento es gratuito.

Concretamente Canadá es famosa por su trabajo de recogida de Cereza (cherry picking) en el Okanagan Valley. El resto del post se centrará en este precioso valle y el trabajo relacionado con las orchards.

 

¿Dónde encontrar este tipo de trabajo en Canadá?

El centro neurálgico de producción de fruta y verdura en Canadá se encuentra en el Okangan Valley, en la British Columbia.

Se trata de un valle de orientación Norte – Sur que disfruta de un microclima muy apropiado para el cultivo. Desde Osoyoos, el pueblo más al sur del valle (colindando con EE.UU) hasta Vernon se cultivan cerezos, manzanos, melocotoneros, viñas, ciruelos, perales…

Las principales ciudades donde empezar a buscar son de sur a norte: Osoyoos, Keremeos, Oliver, Pentincton, Summerland, Kelowna y Vernon.

 

¿Cómo encontrar trabajo?

Tal y como lo harías en tu propio país… buscando.

Existen grupos de Facebook donde se publican ofertas de empleo en las orchards en la temporada de recogida. En estos grupos se comparte el contacto y el trabajo a realizar con sus honorarios. Suelen publicar ofertas de trabajo inmediatas por lo que no es una buena opción si tu idea es planearlo antes de volar a Canadá.

En Canadá la página más utilizada de búsqueda de empleo es la Craiglist (también es de compra-venta). Selecciona el lugar  en el que te interesa trabajar y te saldrá una lista con las categorías. Dale a jobs y…a buscar!

www.craigslist.org/about/sites#CA

Otras páginas interesantes para buscar trabajo son:

www.workbc.ca

ca.indeed.com/jobs-in-British-Columbia

Si dispones del permiso de trabajo puedes buscar las empresas productoras de fruta en internet y enviarles un email unos meses antes del inicio de la temporada. De esta manera, irás a Canadá con un puesto de trabajo seguro y puede que con mejor sueldo.

Lo que mejor nos funcionó a nosotros fue ir a las orchards en persona. Teníamos un coche de alquiler, aprovechando que estaban mis padres de visita, y nos trazamos una ruta con Google Maps. Marcamos varios puntos en el mapa donde había cultivos y allí nos dirigimos. Logramos varios números de teléfono que nos sirvieron de contacto para cuando empezara la temporada.

Si quieres saber cómo utilizamos Google Maps para encontrar trabajo y otras cosas:

Consejos para descubrir lugares espectaculares y sin turistas

Consejos infalibles para descubrir lugares increíbles sin necesidad de compartirlos con miles de turistas alrededor y de paso ahorrar dinero.

 

¿Cuándo es la temporada de recogida?

Depende de la fruta y del lugar.

En general (el cambio climático está afectando en los inicios de las temporadas), la temporada de la cereza empieza en el sur a finales de Junio. Una o varias semanas más tarde llega al norte del valle. Por lo que si llegas pronto es buena idea empezar a buscar por el sur.

Antes de la recogida de cereza, puedes encontrar trabajo en la recolecta de otras frutas o también haciendo otros trabajos que se suelen pagar por horas como thinning (clareo) de manzanas, preparación del viñedo para la recolecta de la uva, quitando malas hierbas, podando… Sin embargo, el boom de la temporada (y donde más dinero se mueve) es con la cereza.

Una vez se acaba la cereza (a finales de agosto por el norte del valle) empieza la recogida de otras frutas como la manzana, ciruelas, peras, uva,… Estos trabajos no son tan rentables a no ser que tengas mucha experiencia y sepas a qué orchard vas. Además empieza a hacer frío y a llover y vivir en una tienda de campaña no se hace tan cómodo.

 

¿Durante cuánto tiempo hay trabajo en las orchards?

Desde abril hasta finales de octubre es posible encontrar trabajo en las orchards. Los primeros meses serán trabajos de mantenimiento, como poda, siembra, clareo, limpieza, etc. En julio, agosto y septiembre se concentra la recogida de fruta, sobre todo en la cereza.

El tiempo que trabajes en cada orchard dependerá de muchos factores, como el tamaño, la cantidad de trabajadores, si le gustas más o menos al jefe, etc. No obstante, lo normal es ir cambiando de orchard con relativa frecuencia porque se acaba el trabajo.

Para que te hagas una idea, nosotros en 2 meses y medio trabajamos en 4 sitios diferentes. Lo mejor es hacer tantos contactos como puedas.

¿Cuánto se gana trabajando en las orchards?

Como siempre, depende.

El salario mínimo son alrededor de 11$/hora en la British Columbia, del cual debes descontar un porcentaje de impuestos si lo haces todo legal. Si no lo haces legal, puede que en la orchard te lo descuenten igualmente o no. Lo mejor siempre es preguntar.

Algunas orchards pagan entre 12-15 $/hora dependiendo del trabajo.

Bucket
Bucket

En la recogida de fruta suelen pagar por bucket, bin o half bin. A nosotros nos han pagado estos precios en los diferentes frutales.

  • Cereza – 2.5 $/bucket
  • Manzana – 20-25 $/bin
  • Pera – 14 $/half bin
  • Ciruela – 2 $/bucket
Half bin

Dependiendo de la cantidad de fruta que seas capaz de recoger ganarás mas o menos.

El sueldo medio al día recogiendo fruta durante 8 horas debe estar rondando los 100$/diarios para gente con poca experiencia.

Conforme vas mejorando en el arte de la escalera, y tu técnica de soltar el fruto del árbol, este sueldo puede duplicarse o triplicarse. Conocemos gente que con la cereza ganaba más de 350$ diarios en 8 horas de trabajo y no eran Superman (aunque sí unas máquinas con mucha experiencia). Sin embargo, tú también puedes llegar a ganar ese dinero si te lo propones, pero tienes que ser diestro y rápido.

Con otras frutas distintas a la cereza, es más difícil hacer grandes cantidades de dinero si no tienes mucha experiencia.

 

¿Cuántas horas se trabaja?

Normalmente se trabaja un mínimo de 8 horas al día, sin embargo en algunos lugares y cuando hay mucho trabajo, te dejan trabajar las horas que tú quieras. Algunos pickers llegan a hacer jornadas de 16 horas diarias para conseguir la mayor cantidad de dinero.

 

¿Cómo suelen pagar el trabajo realizado?

Normalmente pagan con cheques que tú mismo cobras en el banco. En otras ocasiones pagan en efectivo o mediante transferencia bancaria. Si tienes permiso de trabajo, puedes abrirte una cuenta bancaria sin problemas.

Si no tienes el permiso de trabajo puede ser un problema cobrar los cheques, sin embargo, nosotros conocemos casos de amigos que han cobrado cheques a través del banco Interior Savings sin tener el permiso de trabajo.

Cuando vas a cobrar los cheques suelen cobrarte una comisión (5$ en Interior Savings) por cada cheque que cobres a no ser que tengas una cuenta en el propio banco.

Recuerda que no puedes salir del país con más de 10.000$ sin declararlos.

 

¿Por qué es tan rentable económicamente trabajar en una orchard?

El por qué reside principalmente en dos aspectos:

1.- En la mayoría de recolectas se paga por trabajo realizado. Es decir, te pagan por la cantidad de fruta que eres capaz de recoger. Quizás al principio no llegues ni al salario mínimo (unos 11$ la hora), pero verás que poco a poco vas mejorando y por lo tanto, va mejorando tu sueldo. Cuanto más trabajas y más rápido eres, más ganas.

2.- Es normal que en estas orchards te dejen acampar gratuitamente o por muy poco dinero. Algunas suelen estar preparadas para recibir muchos empleados en la temporada y cuentan con cocina, baño y zona de acampada. Otras más lujosas incluso tienen cabañas o caravanas en las que viven temporalmente los trabajadores que lleguen primero. Otras, en cambio, no tienen nada de infraestructura y la gente tiene que ingeniárselas para ducharse, ir al baño y cocinar.

Acampando entre cerezos
Acampando entre cerezos

Eso sí, ten en cuenta que las comodidades van a ser escasas, tendrás que compartirlo todo con otras personas y puede que no sean tan limpias y ordenadas como tú.

Si vas a ir a una de estas orchard mejor no ser muy escrupuloso y saber adaptarte a cualquier situación.

 

¿Cómo moverme?

Para llegar a este valle lo mejor es trasladarse con GREYHOUND. Esta compañía de autobuses se mueve por toda Canadá. Si sales desde Vancouver el precio puede oscilar entre los 40 y 90$ dependiendo a qué zona del valle te dirijas, la hora del día y la temporada.

www.greyhound.com

Una vez en el valle puedes coger autobuses locales por una tarifa aproximada de 2.5$. Puedes coger tantos autobuses como quieras, hasta la hora límite que te indique en el ticket. Traza tu ruta en la siguiente página:

www.bctransit.com

Lo mejor es contar con un vehículo propio para moverte (si además te sirve de casa mucho mejor). Es fácil encontrar coches de segunda mano por menos de 2.000$. Luego, antes de irte, lo vendes y ¡listo!

 

¿Es caro vivir en Canadá?

Vivir en Canadá puede ser todo lo caro que tú quieras que sea, pero si reduces tus gastos únicamente a la alimentación no debería serlo. Cuanto más dinero vas a gastar será a la llegada, los días en que estés buscando trabajo y hasta que lo encuentres (pagando el alojamiento o el billete de autobús para desplazarte, etc.). Es mejor ir con algo de dinero ahorrado “por si las moscas”.

Wallmart y Superstore son los dos supermercados más económicos. Olvídate del resto porque los precios a veces se duplican en algunos productos y al final el carro te sale por un ojo de la cara.

En ambos centros puedes encontrar artículos de camping, ropa, calzado, etc.

Existen los Thriftstore que son tiendas de segunda mano en las que puedes conseguir, casi de todo, a muy buen precio. Averigua dónde queda la más cercana a tu ubicación y pásate a ver qué es lo que encuentras.

En algunas ciudades como en Oliver, se sirve comida gratuita en las iglesias un día a la semana. Si estás en esta ciudad, puedes aprovecharte de la ocasión y ahorrarte una comida.

 

¿Cómo viven los pickers?

Olvídate de comodidades.

Es un trabajo muy rentable si sabes sacarle partido y si te haces a la idea de que no vas a vivir entre algodones durante este tiempo.

Durante el día en los meses de julio y agosto puede hacer mucho calor y por las noches refresca. A partir de septiembre la temperatura empieza a bajar muchísimo y si no tienes un buen saco por las noches vas a pasarlo realmente mal (puedes ir a Walmart y comprarte un edredón por 40$ o buscar alguno en una Thriftstore).

En la recogida de la cereza se suele trabajar por turnos durante las horas más frías del día (por la noche) para no dañar la fruta. Se duerme de día y muchas veces no hay sombras en las que cobijarse.

Caravana
Durante dos meses vivimos en esta caravana. La ducha era una manguera de agua fría.

Puede que tengas que compartir la única ducha de agua fría con 30 personas más que acaban de trabajar al mismo tiempo que tú. Lo mismo con la cocina.

Y todo esto, si tienes suerte y te toca una orchard que disponga de ellas.

En pequeñas orchards el número de trabajadores es más reducido y la vida se puede hacer mucho más cómoda. Sin embargo, es posible que se realice la cosecha en poco tiempo y tengas que buscarte otro trabajo en pocas semanas.

 

Consejos

  • Comprar un coche

Si vas a estar una larga temporada y además tus planes incluyen viajar por Canadá y EE.UU este es una buena opción. Te servirá para buscar trabajo más fácilmente, que sea tu casa allá donde vayas y te da mucha facilidad para moverte entre las largas distancias canadienses.

Puedes encontrar furgonetas en las que puedes montar una cama por unos 1.000$ en la misma Craiglist en la que buscas trabajo.

  • Pregunta todo lo que necesites saber

Cuando vayas a una orchard o llames por teléfono pregunta cuánto pagan, cómo es el cultivo, si disponen de duchas, cocina y sitio para acampar. Aunque podamos adaptarnos a vivir “al límite”, el trabajo es pesado y como persona tienes derecho a unos mínimos.

Resolver todas tus dudas antes de empezar a trabajar te ahorrará muchos quebraderos de cabeza y te facilitará la elección cuando tengas varias opciones de trabajo (cosa que es muy posible que pase).

  • Ahorra, no malgastes

En las orchards grandes se suelen formar grandes grupos de gente que se convierten en amigos y es normal que se hagan fiestas con alcohol y demás. Si lo que quieres es sacar el máximo dinero de tu estancia evita entrar muy a menudo en estas fiestas o verás cómo el dinero se va igual de rápido que entró.

  • Seguro médico 

Nunca pasa nada, hasta que pasa.

Una mala caída de la escalera, una torcedura de pie, tendinitis… Cualquier cosa que te lleve al hospital sin tener seguro médico puede hacer que todo lo que hayas ganado se te vaya de un plumazo.

Nosotros tuvimos la experiencia con una compañera que se cayó de la escalera y se rompió la muñeca. La factura del hospital ascendía a 5.000$. Suerte que tenía seguro y contaba con el permiso de trabajo. No pagó ni un $.

Esperamos que con esta información te animes a lanzarte a la aventura canadiense. ¡Ya no hay excusa!


Si tienes alguna pregunta o información adicional  no dudes en dejarnos un comentario.

Iremos actualizando el post, así que ¡SUSCRÍBETE para estar al día!

 

Aquí un vídeo de la experiencia:

Consejos para descubrir lugares espectaculares y sin turistas

Las agencias de viajes  y las guías turísticas nos suelen mostrar los lugares más bellos del planeta en sus increíbles fotos publicitarias; playas de agua cristalina, castillos sacados de películas de ciencia ficción, templos perdidos y aislados en medio de la selva… Te imaginas allí contemplando el atardecer, viviendo la experiencia mágica de disfrutar de esas maravillas y haciendo unas fotos espectaculares sin nadie alrededor, tal y como se muestran en las fotos.

 

playa paradisiaca
Expectativa…

Pero… la realidad es bien distinta.

Las playas se abarrotan de turistas hasta el punto en que poner la toalla es como montar un puzzle. Templos que para hacer una foto tienes que ser el más rápido del oeste y tomar la captura justo cuando nadie pasa enfrente tuya o miradores en los que tienes que ir esquivando los palos selfies para que no te den  en la cabeza.

 

playa abarrotada
…realidad

Cuando empiezas a viajar lento, cuando no tienes un tiempo predefinido, empiezas a darte cuenta de que los lugares más típicos  y turísticos no son los que más te llenan. En realidad, disfrutas mucho más los que descubres por casualidad, despiste o recomendación de algún local.

  • Las ventajas de encontrarte con estos pequeños rincones libres de turistas son muchas:
  • Precios ajustados a la realidad económica del país.
  • No fomentas  a una contaminación masiva del lugar y a la desigualdad social.
  • Es mucho más fácil conocer a los lugareños.
  • Puedes hacer fotos, vídeos o lo que se te ocurra sin nadie alrededor.
  • Más tranquilidad.

Para poder disfrutar de estos lugares he elaborado una lista sobre las cosas que nosotros solemos hacer para evitar los sitios masificados y disfrutar del viaje de una forma “alternativa”.

Viajar a países poco turísticos

Obvio, ¿no?

Existen países que ofrecen una diversidad de culturas, paisajes y riquezas ambientales comparables a los destinos TOP y que apenas reciben turistas. No es necesario viajar a Kazagistán o Pakistán, que son países preciosos,  pero que quizás no sean países para viajar por primera vez.

Por ejemplo, después de nuestro viaje por Latinoamérica recibimos preguntas de amigos para viajar a Costa Rica. ¿Costa Rica? Noooooo. Sí, es muy famosa en todo el mundo y debe ser uno de los destinos más visitados, pero a día de hoy es muy cara, llena de turistas en cada rincón y todo lo que puede ofrecerte lo puedes encontrar en sus países vecinos evitando la masificación.

Aquí tienes una lista de los 10 países menos visitados del mundo  por si quieres vivir una auténtica aventura sin turistas:

  • Somalia
  • Tuvalu
  • Islas Marshall
  • Santo Tomé y Príncipe
  • Kiribati
  • Sudán del Sur
  • Libia
  • Guinea-Bisáu
  • Turkmenistán

(Info sacada de de www.culturacolectiva.com)

 

Islote islas Marshall
Playas en Islas Marshall

Viajar en temporada baja

Todo un clásico.

Los países suelen tener dos temporadas turísticas aunque en algunos lugares se incluye la temporada media.

  • Temporada baja: hay menos turismo y los precios son más económicos. Suele coincidir con las estaciones del año donde es más probable que  haga peor tiempo o que no coincida con las vacaciones estivales del propio país. Cuidado porque algunas atracciones turísticas pueden estar cerradas en esta época por falta de turismo. Esta temporada es ideal para viajar tranquilos.
  • Temporada media: suele ser entre ambas temporadas, cuando aún no ha llegado todo el boom de gente, pero ya está a punto.
  • Temporada alta: esta es la que le gusta al sector turismo; hoteles, restaurantes, ocio…Los turistas se ven a patadas en cualquier rincón, los precios suben a las nubes y para encontrar alojamiento es posible que tengas que reservar con antelación. Vacaciones de verano, Semana Santa (en países católicos), navidades….Esta es la temporada que deberías evitar.

Tener tu propio medio de transporte

En algunos países, ir al sitio que  deseas puede complicarse muchísimo por falta de infraestructura; no hay transporte público o no tienen hospedajes.

Un ejemplo claro es Cuba. Los turistas que visiten Cuba verán que están obligados a utilizar el autobús de los turistas “Vía Azul” para moverse entre los distintos lugares (puedes utilizar algunos autobuses locales pero tienes que averiguártelo muy bien y son bastante más lentos). La otra opción es un taxi, pero…¡prepara la billetera!

Lo ideal sería viajar en bicicleta; puedes llegar donde quieras, no pagas gasolina, ni peajes, el mantenimiento es casi nulo. Además no sólo disfrutas del destino sino del camino.

Alquilar una moto o coche te ofrece la oportunidad de llegar a los rincones que tú desees sin necesidad de depender de un transporte público. Además un coche te puede servir de alojamiento en un momento dado ;).

 

Eva en bici
En Cuba decidimos alquilar bicicletas por unos días

Preguntar a la gente local

Los  lugareños no suelen pasar sus vacaciones en los sitios turísticos porque tienen precios desorbitados para sus bolsillos. Por eso, buscan alternativas más económicas a las cuales no suelen llegar los turistas extranjeros.

En Brasil, gracias a los lugareños descubrimos playas que ni siquiera otros brasileños conocían y puedes creerme si te digo que han sido las playas más espectaculares que hemos visto en todo nuestro viaje.

Perderte

En las grandes ciudades turísticas pasa lo mismo que en los propios países pero a menor escala. La gente visita los mismos lugares y va a los mismos cafés, restaurantes, plazas, catedrales, parques… acumulándose todos en cada uno de ellos.

Piérdete, visita la ciudad sin mapa, ve a los lugares que no aparecen en las guías y mézclate con la gente en los barrios más humildes. Verás cómo tienes un paseo mucho más enriquecedor y seguro que descubres pequeños rincones que te dejarán asombrado.

Google Maps

Creo que esta es la herramienta tecnológica que más hemos utilizado en el viaje.

Cuando queremos ir alguna playa, parque natural o montaña, utilizamos esta aplicación para buscar posibles lugares “Tourist Free”. ¿Cómo?

Abrimos el Google Maps y lo configuramos para que nos muestre la vista satélite. Así podrás observar  a vista de pájaro posible destinos que sean de tu interés. Por ejemplo, si buscamos una playa de arena blanca y agua cristalina miramos en el mapa y seguimos la costa por el lugar donde nos encontramos y cuando vemos lo que podría ser el tipo de playa que buscamos miramos el nombre. Si aparece en la guía como destacado, pasamos a otra playa y sino, ahí nos dirigimos.

 

Con este método encontramos los cultivos en Canadá para buscar trabajo y nos fue fetén. Si quieres saber la historia pásate por el post.

 

La vida al revés: viaja nueve meses y trabaja tres

Te desvelamos una de las posibles alternativas a una una vida de estereotipos a y aburrida. Además te contamos nuestra experiencia.

 

Hacer dedo/autostop

Que decir de esta forma de transporte…¡Que nos encanta!.  A parte de las innumerables ventajas que tiene moverte a dedo también te ayuda a descubrir los lugares de los que hablamos.

Viajando a dedo conoces a lugareños que te recomiendan los mejores sitios de forma casi personalizada. Seguramente entre vehículo y vehículo acabes perdido en algún lugar que puedas explorar y además puedes llegar a casi cualquier sitio.

 

Camiones
Viajando entre camiones

 

Si no te atreves a lanzarte con el autostop te recomiendo que te pases por el post:

 

Guía práctica del autostopista

Consejos sobre cómo hacer autostop y no morir en el intento.

 

Estos son algunos de los trucos o consejos que nosotros aplicamos para hacer un viaje a nuestro gusto y esperamos que te puedan servir a ti también.

Como siempre te pedimos que compartas el post (si quieres) por si pudiera servirle a alguien más y que nos dejes un comentario que siempre nos alegra ;).

Y si tienes otros consejos que quieras compartir no dudes en dejarnos un comentario explicándolos ¡Sería de gran ayuda!

Cómo perdí 14 kg en 5 meses viajando: de fofi-sano a sano y punto.

Proceso de pérdida de peso

Primero tengo que aclarar que no somos ni dietistas, ni nutricionistas, ni médicos, ni vendehúmos milagrosos. Somos dos personas que tras un largo tiempo de viaje hemos ido ajustando nuestra dieta a las condiciones que nos rodeaban y hemos visto que es lo que mejor nos funciona para sentirnos bien por dentro y por fuera.

Yo, Sergio, logré adelgazar 14 kg en los primeros cinco meses de viaje y te puedo asegurar que no fue con ninguna dieta estricta, ni haciendo mucho deporte (sólo caminar), ni ayunando, ni con pastillas, ni proteínas, ni nada por el estilo.

¿Y cómo lo hice?

Antecedentes

Para contextualizar un poco todo esto primero tengo que contarte cómo soy físicamente y cuáles eran mis hábitos antes de empezar el viaje.

Tengo 30 años, mido 174cm y desde hace, por lo menos, 10 años utilizo la misma talla de ropa (aún conservo algunos pantalones que me ponía a los 18 años). Desde esa edad he ido variando mi peso entre los 73 y 76kg más o menos.

No he sido flaco, no he sido gordo, pero siempre he tenido mi barriguita, mi buen culo (algunos amigos me decían culo-cubano),  buenos muslos y buenos brazos. Hoy en día es lo que se conoce como un fofi-sano.

Dunas de Maspalomas

Abril 2016 en las dunas de Mas Palomas

Nunca he hecho dieta, he sido siempre muy glotón con la comida que me gusta y soy una de las personas más golosas que conozco. Eso sí, siempre he controlado no pasarme de la raya todos los días ni a todas horas.  Entre semana me cuidaba un poco más, pero los fines de semana ¡buffet libre!...Me ponía hasta arriba de la deliciosa comida de mi padre, de la pizza, kebab, burger o bocadillos con los amigos mientras nos tomábamos una o varias cervezas.

Siempre he hecho algo de deporte, no de forma continua pero sí iba picoteando un poco de allí y un poco de allá; gimnasio a temporadas, senderismo algún fin de semana, salir a correr cuando me entraba la locura, pasear con el perro…vamos nada serio, ni mucho menos constante.

Cambiando de aires, cambiando de hábitos

Como ya sabréis salimos a recorrer Latinoamérica de mochileros, moviéndonos a dedo y con un presupuesto muy ajustado. Lo cual implicaba andar bastante, cocinarnos nosotros o comer comida local y por supuesto una vida muy activa.

¿Qué comemos de viaje?

Comemos de todo pero no cualquier cosa.

  • Frutas, verduras y huevos: Compramos los alimentos frescos, locales y de temporada. Son más baratos, más saludables y suelen ser los alimentos que la gente del lugar consume (por algo será).
  • Conservas: Atún y legumbres. Ideales para preparar ensaladas variadas.
  • Carne: No compramos durante el viaje, sin embargo, los platos típicos en los países que hemos visitado todos incluyen algo de carne.

¡OJO! Evitar la carne picada y muy sazonada. Suele ser carne de baja calidad, pasada o a punto de pasarse, que especian mucho para que no se note.

  • Lácteos: Soy un adicto a los lácteos. Durante el viaje hemos evitado la leche porque a Eva no le gusta demasiado pero sí comprábamos queso fresco para alegrar un poco los platos y el paladar.
  • Cereales: Siempre tenemos pan, arepas, tostadas… y lo consumimos sobre todo en el desayuno. Pasta y arroz para comer.
  • Azúcares: Nada de bebidas azucaradas, no somos de consumir este tipo de alimentos pero sí que comemos algún capricho casi que cada día (la Nutella es nuestra perdición).
Comida casera

Arroz, tomates y plátano era nuestra base en las comidas.

Las ensaladas de legumbres son un descubrimiento; fáciles de preparar, nutritivas y muy ricas

¿Cómo es nuestro día a día?

Solemos levantarnos temprano pero cuando el cuerpo nos lo pide (dormimos unas 8h).

Desayuno: Preparamos el desayuno con calma y desayunamos tranquilamente hasta quedar bien saciados. El desayuno suele constar de:

  • Arepas, pan, tapioca, torta o lo típico del país en lo que pueda meterse comida.
  • Huevos revueltos
  • Banana frita
  • Café, panela, leche o batido de plátano.
  • Fruta: mango, papaya, plátano, uva, manzana…

Nos vamos a dar una vuelta por el lugar en el que estemos o salimos de nuevo a la ruta, depende, pero siempre implica caminar. No utilizamos el transporte público a no ser que queramos ir muuuy lejos. Por ejemplo, en la Habana andamos unos 15km diarios.

Cuando estamos estables en algún sitio solemos convertirnos en marmotas y aprovechamos para descansar, trabajar en el blog, ver pelis... No es un estado que nos dure demasiado, sobre todo a Eva, que enseguida le entra sarpullido de estar parada.

Diciembre 2016. Dos meses después de emprender nuestro viaje.

Diciembre 2016. Dos meses después de emprender nuestro viaje.

Comida: Si estamos en un país donde la comida es barata (toda Latinoamérica lo es) y estamos fuera de casa solemos comer en la calle el plato típico; prato feito en Brasil, bandeja paisa en Colombia…Se llame como se llame en Latinoamérica casi siempre es arroz, frijoles, carne, un poco de ensalada y las variantes del país; patatas, plátano frito,... Por Centro América empezamos a descubrir los tacos y en México ¡los amamos!

Después de comer es la hora de la siesta y la relajación.

Seguimos paseando  por la ciudad.

prato feito
El prato feito es el plato típico más económico que se sirve en Brasil.

Cena: Cuando estaba en España solía cenar muy tarde y seguidamente acostarme. Esto hacía que me fuera a la cama hinchado y pesado. ¡ERRROOOOOOR!

De viaje cenamos cualquier cosa; fruta, tacos, burritos, las sobras del medio día…lo que nos pillara en el momento pero en pequeñas cantidades. Eso sí, cenábamos muy pronto y tardábamos unas 2-3 horas en acostarnos.

Como ves no me privo de ningún tipo de alimento porque me gusta de todo.

Esta ha sido nuestra dieta durante nuestro viaje por Latinoamérica pero irá variando según los países que visitemos.

Lo ideal es ir adaptándose a la comida que te ofrece cada país.

Punta Gallinas

Febrero 2017. Esta foto está tomada en Punta Gallinas, el extremo norte de Sudamérica.

Sacando conclusiones

Creo que lo que más me ha ayudado a perder esos kg de peso extra que lastraba ha sido un cambio en los hábitos alimenticios pero sobretodo, poner en práctica la frase de:

“Desayuna como un rey, come un príncipe y cena como un mendigo”

El desayuno ha sido la comida más importante del día. Nos ponemos como los quicos desayunando y lo disfrutamos como niños.

En la comida (almuerzo) no nos privamos de nada tampoco pero suelen ser platos "saludables".

Cenar pronto, poco y ligero es la CLAVE. No irte pesado a la cama, con la digestión hecha, te ayuda a dormir mejor aparte de contribuir a perder peso.

La vida activa está implícita en un viaje y si viajas de forma económica y cuidas un poco lo que comes verás cómo sin quererlo vas eliminando esos kg que te sobran.

Así es como perdí los 14 kg de grasa, tengo el cuerpo más atlético y me encuentro más fuerte y mejor que nunca.

Cambios para el futuro

Aunque ahora mismo me encuentro bien, siempre se puede mejorar para encontrarse mejor uno mismo. Por ello quiero ponerme unos objetivos y compartirlos para que queden escritos (esto, dicen, ayuda a cumplirlos).

Mi propósito para el siguiente viaje:

  • 30 minutos de ejercicio por la mañana 3 veces a la semana (mínimo). Existen numerosas aplicaciones para el móvil con tablas para ejercitarse. Eva y yo las probamos al inicio del viaje pero lo dejamos de lado enseguida…
  • Dejar el azúcar. Es un reto complicado porque soy un auténtico adicto pero sé que es una DROGA que me controla y no me aporta nada bueno.

Si lo consigo y me va bien, ya os contaré en un próximo post cómo lo hice.

Septiembre 2017

Septiembre 2017. Gracias al ejercicio de subir y bajar escaleras para recoger fruta en Canadá logré definir un poco más sin perder peso.

La vida al revés: viaja nueve meses y trabaja tres

¿Estás sin dinero?, ¿No tienes trabajo?, ¿Tienes trabajo pero no te llena?, ¿Estás cansado de la rutina?,  ¿Te parece que un mes de vacaciones al año es un robo a tu tiempo de vida?, ¿te sientes vacío?… Aquí te proponemos una solución, un plan, una alternativa que puede hacer que todo esto cambie; VIAJAR. Si, si, tal y como lo lees.

Hay mucha más gente de la que piensas que ya ha tomado la decisión de cambiar su estilo de vida. Dejar de trabajar 11 meses al año y disfrutar sólo 1 para darle la vuelta a la tortilla.

Una de las cosas que más nos sorprendió  durante el viaje fue encontrarnos con tantísimos viajeros que llevan varios años viajando.  Algunos se han convertido en nómadas digitales. Su trabajo ahora les permite viajar con su oficina portátil y poder generar dinero desde cualquier parte del mundo. Otros tienen habilidades que les permiten ganar dinero mientras viajan o van haciendo pequeños trabajos durante el propio viaje que les va sustentando. Por ejemplo, en México conocimos a una pareja que se dedicaba a hacer malabares en los semáforos. En un par de horas de trabajo sacaban suficiente dinero como para pasar dos o tres días, eso sí, ¡eran unos auténticos cracks!.

Malabaristas en la calle
Cada vez es más común ver a estos artistas callejeros ganándose la vida en los semáforos.

Sin embargo, la gran mayoría no tenemos estos conocimientos o habilidades, o simplemente, preferimos trabajar poco tiempo y el resto dedicarlo 100% a viajar (o a lo que sea). En este caso, nos toca recurrir a lo de toda la vida, al trabajo típico, a doblar el lomo, a currar. La diferencia radica en elegir muy bien el país, el trabajo que vas a realizar y evitar pagar alojamientos. En este post te vamos a contar lo que nosotros hemos hecho y la forma que se adapta mejor a nosotros y nuestro estilo de viaje.

¿Te interesa? Pues sigue leyendo…

Lo primero es saber si realmente te gusta viajar. Y me refiero a viajar de verdad,  es decir, irte de casa cargado con tus pertenencias en una mochila, maleta o alforjas a conocer el mundo por un largo periodo de tiempo. No son las típicas vacaciones de 15 días donde vas como pollo sin cabeza, soltando billetes y viviendo en una burbuja turística. Quizás no lo tengas claro porque nunca antes has hecho un viaje tan largo y no sabes si realmente te va a gustar.  Nosotros no lo sabíamos, lo máximo que habíamos estado de viaje era en modo turista y no más de 17 días, sin embargo, algo nos decía desde dentro que lo íbamos a disfrutar como niños en parque de bolas. Y así es.

Escúchate a ti mismo y sino prueba… siempre puedes volver.

 

Si entiendes que vivir viajando no es lo mismo que ampliar de forma indefinida las vacaciones de 15 días, te proponemos que cambies la proporción trabajar/viajar. Por ejemplo, hay personas que trabajan séis meses y viajan otros séis. Suelen ser trabajos de temporadas largas con un buen sueldo que les permite ahorrar para invertirlo en los siguientes séis meses de viaje. Trabajar en verano como socorrista, en invierno en alguna estación de esquí, en zonas turísticas como camareros…Es una buena opción pero nosotros pensamos que lo ideal es trabajar tres meses y viajar  nueve. 

OJO, estoy hablando de viajar sin tener que estar buscándote la vida día tras día, que ya sabemos que hay gente que viaja sin un duro, pero a mi parecer, se puede hacer muy incómodo. Est0y hablando de un viaje sin muchas preocupaciones económicas.

Ok, muy bien, ¿pero dónde está el truco? Porque trabajando 3 meses en España o en cualquier país de habla hispana es casi imposible sacar suficiente dinero como para viajar nueve meses. COOOORRECTO.

EL TRABAJO

El truco es trabajar en países de renta alta: Canadá, EEUU, Nueva Zelanda, Australia, Reino Unido, Suiza, Noruega,…y que además tengan trabajos de temporada muy fuerte como recogida de frutas, pesca, venta de salmón en Noruega…

Algo muy importante para maximizar nuestras ganancias es que estos trabajos te den la posibilidad de hospedarte gratis. Esto parece una locura pero en países como en Canadá, por ejemplo, es muy típico ver grandes extensiones de orchards (cultivos) con temporeros acampados o viviendo en caravanas (como nosotros).

Eva concentrada en el jardín de nuestra “casa”

Estas zonas de acampada suelen tener todos los servicios básicos cubiertos; una cocina común y baños. Así te ahorras elevadas cantidades de dinero en alojamiento y todo, o casi todo, lo que ganes podrás destinarlo al viaje.

Los trabajos suelen ser duros, con jornadas laborales que se alargan hasta las 16 horas en algunos casos y con pocos días libres. Trabajos repetitivos que aburren a cualquiera y con un alto desgaste físico y psicológico. Sin embargo, estos problemas desaparecen en cuanto ves la cifra que puedes ganar y los meses de disfrute que vendrán después. Además sabes que va a ser solo por tres meses.

Por ejemplo, en Canadá (que no es el país que más se gana ni mucho menos) se pueden ganar fácilmente más de 2500€ al mes trabajando una media de 10h diarias y descansando 4 días al mes. Eso sí, tienes que currar, ya que los trabajos más interesantes son los que pagan por trabajo realizado (por kg de fruta recogida, por árboles plantados…) y eso depende de ti.

Vale, esto me interesa, ¿pero cómo consigo trabajo en estos países?

Hoy en día si eres español y tienes entre 18 y 35 años (los criterios cambian entre países) tienes la posibilidad de conseguir las famosas Working Holiday Visa para Canadá, Nueva Zelanda y Australia.  Estas visas te permiten trabajar y viajar en cualquiera de estos países.  Si no eres español lo mejor es que chequees si tu país está inscrito en el acuerdo con el país de destino para tramitar las WHV.

Aquí te dejo los enlaces donde puedes buscar esta información e iniciar los trámites. OJO, no os dejéis engañar por otras páginas que no sean oficiales para tramitar las visas, cobran comisiones altísimas y muchas veces son estafas. ¡SIEMPRE tramitadlas en las PAGINAS OFICIALES!

Canadá – Australia – Nueva Zelanda 

En este link, Laura de mimundosinfronteras.com nos explica los requisitos para acceder a cada una de las visas.

 

 

La opción B: trabajar de manera ilegal. Ósea, irte a un país, buscar trabajo y trabajar con una visa de turista normal y corriente. Es una opción posible, que muchísima gente  hace (muchísima es muuuuuchísima) en Canadá y EEUU sobre todo, pero tiene sus inconvenientes:

    • No tener un seguro médico.

    • No darte de alta en su sistema de empleo.

    • Si no te pagan no puedes justificar que has trabajado.

    • Pueden pagarte menos de lo normal o recibir un peor trato.

    • ES ILEGAL y pueden multarte, deportarte o cosas que no queremos.

¿Y cómo encuentro el trabajo?

Pues como harías en tu propio país. Buscando. Puedes hacerlo antes de salir de casa mediante las páginas de búsqueda de empleo online, grupos de Facebook, contactos de otros amigos que ya lo han hecho…O puedes aventurarte a viajar al país y buscarlo in situ como nosotros hicimos. En realidad, depende del país, y nosotros solo tenemos la experiencia de trabajar en Canadá, pero lo normal es ir a la zona donde sabes que se cultiva e ir preguntando puerta a puerta.

Lo que quiero que te quede claro es que es muy fácil encontrar trabajo. En las temporadas de fruta, por ejemplo, se necesita mucha mano de obra que los propios países no llegan a cubrir. Nosotros rechazamos varios trabajos y nos quedamos con el que más nos pagaba. ¡Tuvimos la oportunidad de elegir trabajo!…Impensable en España.

 

EL VIAJE

Como ya he mencionado antes, viajar por un periodo largo no es lo mismo que un viaje de 15 días o un mes, donde tiras la casa por la ventana y eres capaz de gastarte 1000 o 2000 euros en pocos días. En este tipo de viajes tienes que economizar para que el dinero ganado te dure el tiempo que quieres estar viajando.

Para ello tienes que aplicar ciertas reglas, trucos o consejos que te ayudarán a tener un presupuesto diario de unos 10-15€ dependiendo de los países que vayas a visitar (se puede reducir incluso a 5€ si eres muy extremo). Recuerda que mientras viajas te olvidas de gastos fijos como seguros de coche, internet, teléfono, alquiler de vivienda….

Viaja reduciendo gastos

Trucos para reducir gastos en los tres pilares básicos de un viaje: comida, alojamiento y transporte.

Hagamos unas cuentas fáciles.

Imagínate que ganas como mínimo 6000€ en tres meses (muy mal tiene que irte) y durante el viaje gastas 20€/día porque prefieres no ir tan ajustado.

6000€/20€ al día= 300 días, o lo que es lo mismo ¡10 MESES!

¡¡¡¡Es una locura!!!!!!

Ahora que ya te he contado la teoría y seguramente estés deseando darle una patada a todo para lanzarte a viajar, te voy a contar nuestra historia (si quieres saber más solo tienes que darte una vuelta por el blog 😉 ).

Eva y yo dejamos nuestros trabajos en una empresa en crecimiento y con sueldos relativamente buenos en la que llevábamos cuatro años bastante a gusto. Cuando decidimos dejarlo todo y empezar un viaje sin fecha de regreso teníamos ahorrados unos 4000€ cada uno pensando que nos durarían séis meses.

Empezamos el viaje en Saõ Paulo y recorrimos durante nueve meses Brasil, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala, México y Cuba. Cogimos tres aviones (de Belém a Manaos, de Medellín a Ciudad de Panamá y de México a Cuba). Hicimos una travesía en barco por el Amazonas de 7 días desde Manaos a la triple frontera con Perú y Colombia. Y nos sacamos cuatro cursos de buceo en Utila, una isla paradisíaca del caribe hondureño.

Y todo esto supuso una INVERSIÓN de unos 4000€. Aprendimos todas las técnicas para reducir gastos durante el viaje y las aplicamos, y el único trabajo que hicimos fue hacer videos en tres hostales a cambio de alojamiento y un video en un tour para avistar delfines, que además nos gustó hacer.

El dinero que pensábamos que nos duraría seis meses lo alargamos a nueve, y un estilo de vida que pensábamos sería temporal se nos metió en el cuerpo como una droga de la cual no queríamos desengancharnos. Podíamos haber vuelto a España a nuestros antiguos trabajos, volver a la rutina, a las comodidades, familia, amigos, etc, pero no. Decidimos que queríamos seguir y nos fuimos a buscar trabajo a CANADÁ.

Montando a caballo en el Hostal La Laguna en los Andes Colombianos, Manizales.

Primero estuvimos dos semanas de turisteo con mis padres, que vinieron a vernos. Aprovechamos que teníamos coche alquilado y nos dimos una vuelta por la zona de Canadá donde se encuentra el trabajo temporal en la cereza, manzana y uva. El Okanagan Valley.  Buscamos por Google Maps, las zonas donde se podía observar cultivos desde las fotos aéreas y trazamos una ruta con el coche a la cual dedicamos un solo día. Conseguimos varios contactos y seguimos de turismo. 

Mis padres se fueron y solo 4 días después ya estábamos trabajando en un viñedo, viviendo en una caravana y ganando una media de 18 $ dólares canadienses a la hora en el precioso Okanagan Valley.

En dos meses que estuvimos trabajando unas 9-10 horas al día conseguimos ganar unos 9000 CAD cada uno (6000€ al cambio). Con este dinero vamos a seguir viajando, pero esta vez en bicicleta que es aún más económico y ¡más aventurero!. Y con nuestro perro Mus, que nos está esperando en casa con la mochila preparada.

Este es Mus….esperándonos.

Como véis, es más que factible darle un giro de 180º al estilo de vida estereotipado que nos han inculcado. Ese estilo de vida que parece que si no sigues cuando eres joven eres un fracasado, un loco o un soñador, pero que cuando tienes 50, 60 o 70 años piensas… ¡mierda! He malgastado mi vida en un trabajo que no me llenaba, apenas conozco mi país y apenas me conozco a mí.

Nunca es tarde, también hay viajeros con más de 70 años dando la vuelta al mundo. Pero yo creo que es mejor no llegar nunca a pensar que has malgastado una vida, la única que tienes.

Así que no lo pienses más y lánzate a vivir una vida de aventuras, haz que cada día cuente y merezca la pena.


Y ya sabes, si te ha gustado el post y crees que puede ayudar a alguien más para motivarlos, no dudes en COMPARTIR.

Pero sobretodo… ¡Déjanos un comentario! Cada vez que recibimos uno es como un empujoncito que nos anima a seguir escribiendo y a seguir con este proyecto de vida.

 

¡Nos vemos en el camino!

Qué suerte, disfruta tú que puedes. Excusas para no tener la vida que deseas

Estas palabras retumban en mis oídos mientras sigo quitando hojas y brotes secundarios de los viñedos de Claude.

Lo malo (probablemente también lo bueno) de los trabajos mecánicos, es que le dejan mucho espacio en blanco a la mente, para que divague por rincones a los que tan sólo llega de pura hartera por aburrimiento.

Apunte: es muy conveniente aburrirse de vez en cuando.

 

 

¿No estáis entendiendo nada?

Bien, comencemos por el principio.

Llevábamos unos 8 meses de viaje por el continente americano cuando llegamos a Canadá. Decidimos que este extenso, tranquilo y lejano país sería buen lugar para trabajar: pagan relativamente bien (aunque esto sólo cobra sentido si tienes algo con que comparar), y es fácil encontrar trabajo, pues hay una alta demanda de mano de obra joven y enérgica.

En el segundo país más grande del mundo vive menos gente que en España. Me gusta abrir google maps y maravillarme con esta frase, comparando los tamaños de ambos países colocando cada uno en un extremo de la pantalla. Normal que ni en las ciudades más cosmopolitas se vea nunca batiburrillo de gente. Y hablo de Vancouver, que es la única que a día de hoy conocemos por acá.

 

 

Además, trabajar fuera es otra forma de conocer mundo. A mi personalmente me hacía ilusión, sentía que así cerrábamos ciclo. Nos demostrábamos a nosotros mismos que en el momento en que lo necesitáramos, no iba a ser tan complicado encontrar trabajo, lo cual es una tranquilidad bien grande para la salud mental del viajero.

Una forma de corroborar en carnes propias que vivir viajando no es sólo posible, sino también todo lo fácil que uno desee.

 

El caso es que buscamos y encontramos. Fuimos literalmente de granja en granja, y pronto conseguimos un contacto. Trabajo para dos. No en lo que habíamos estado pensando (era época de la cosecha de cereza en el valle), tal vez mejor.

Y aquí estamos ahora: dos meses después, haciendo labores de campo en el Okanagan Valley, a unas horas de la capital de estado, Vancouver.

Un trabajo al aire libre (cosa que me encanta), con un jefe bueno, flexible y justo (lo cual me encanta aún más), y una extensión de terreno cercado justo enfrente con cabras, un par de caballos preciosos, ovejas y tres llamas cotillas que se acercan cuando te ven para ver si les has traído comida. Me pregunto por qué los vecinos tienen llamas…

 

 

Mientras transito de un extremo a otro del campo, harta de tanto rap, tanta música electrónica, y tanto reguetón (viajar por Latinoamérica no sólo puede cambiarte el acento), escucho en el móvil un podcast sobre viajes.

De repente, uno de los entrevistados dice algo que me resulta extremadamente familiar. Algo así como: “Cada vez que alguien me dice: “qué suerte, disfruta tú que puedes” cuando se entera de que vivo viajando, no puedo evitar sentirme ofendido”.

Paro en seco.

Me siento tan identificada con esto, tan sumamente identificada con él, que inevitablemente comienzo a darle vueltas al tema.

¿Por qué?, ¿por qué me sienta mal también a mí?

 

Lo que podría considerarse un halago, pasa inevitablemente a la sección de comentarios insolentes. Y quizás mi instinto replicón, mi genio maleducado, sólo tiene ganas de responder: “¿Por qué tengo suerte?, ¿por haber cogido las riendas de mi vida?”. Risa maléfica a continuación, al más puro estilo muajajaja.

A colación de esto, entre hoja y hoja, entre brote y brote, paso a la siguiente reflexión.

La gente a la que le gustaría vivir viajando pero no lo hace, suele poner (o auto-convencerse) de una serie de excusas genéricas que suelen repartirse en 5 categorías.

Obviamente hay otros muchos motivos que no hemos incluido aquí, ¡pero el mundo es muy grande y las circunstancias infinitas!

  • Dinero
  • Tiempo
  • Compañía
  • Edad
  • Familia

 

Dinero.

La excusa por excelencia. El motivo en la cúspide de la pirámide. La razón entre las razones.

Si buscamos un poco en la web, veremos testimonios sobre una gran cantidad de viajeros que realizan su sueño con un presupuesto más bien escaso.

Como os contábamos en “Viaja reduciendo gastos” o “¿Viajar es caro? 5 meses, 2 países y miles de km. Precio: 2000€ todo incluido”, viajar con comodidades es caro. Viajar, a secas, no lo es. Y si nuestro presupuesto te parece ajustado, te confirmo que aún podría serlo más.

Por tanto, si eres occidental y vives en un país desarrollado, esta no debería de ser excusa. Tienes la posibilidad de hacerlo, tus necesidades primarias están más que cubiertas. Pon una fecha, hazte con algunos ahorros (olvídate de cifras astronómicas) y elige destino.

 

 

Sí, pero, y cuando se me acabe el dinero ¿qué?

 

Sí, por ahí también hemos pasado nosotros.

No voy a hablarte de montarte un negocio online, o de que trabajes como blogger, porque ese es otro tema y, además, una meta que nosotros no hemos alcanzado.

Así que empezaré por la parte fácil: viaja unos meses, y cuando veas que la economía empieza a flojear, busca trabajo en un sitio donde te merezca la pena trabajar.

Por ejemplo, si estás en Norteamérica y sabes que en Estados Unidos tienes posibilidad de ganar más dinero que en México… voilà. Vete a Estados Unidos. No importa si no te dedicas a lo que has estudiado, sólo va a ser un trabajo temporal, de tránsito, que contribuirá a que te desenvuelvas más y mejor por la vida.

Si algo es cierto es que todos tenemos capacidad de aprendizaje y capacidad de trabajo.

No vamos a morir de hambre. Te lo prometo.

 

Tiempo.

Este punto está estrechamente relacionado con el anterior.

El conflicto surge cuando nuestro trabajo requiere que estemos un mínimo de 5 días a la semana en una ubicación geográfica determinada, lo cual nos imposibilita el desplazamiento.

Sin trabajo, hay tiempo de sobra. Como dice el refrán popular: muerto el perro, se acabó la rabia. Problema resuelto.

 

Compañía.

“No tengo a nadie con quién hacerlo”. Entiendo que te de miedo, no es un paso fácil.

Seguramente yo no estaría donde estoy ahora si no hubiese tenido a otra cabecita loca que me complementara en mis idas y venidas.

Pero sé más valiente que yo, y no esperes la compañía perfecta. Seguro que lo que de primeras es un inconveniente, acaba por convertirse en una ventaja: la flexibilidad de un viaje en solitario es única. Incluso si te complementas bien con tu compañero. 

Sólo te diré que quien prueba a viajar solo repite, y que la experiencia es siempre enriquecedora.

 

 

Si por caprichos del destino nosotros no pudiésemos viajar juntos, estoy convencida de que, a estas alturas, abriríamos caminos en solitario.

Pero seguiríamos viajando.

 

Edad.

Estuve a punto de no añadir esta categoría a la lista, pero a fin de cuentas es algo que también se utiliza como argumento.

Repito lo mismo: ni os imagináis la de gente que se conoce, de todas las edades, repito, todas las edades, viajando. Y es que nunca es tarde si la dicha es buena. A este paso, acabaremos recitando la mitad del refranero español antes de acabar el post… jaja.

Como ejemplo, conocimos a una señora rusa de unos 60 y pico años, en una de esas típicas habitaciones compartidas de hostel cuando estábamos en Colombia. No hablaba español y su inglés era muy básico, pero ahí estaba la tía. Toda una echá pa’ lante. Y olé.

 

Familia.

Me refiero al hecho de viajar con niños.

Si soy sincera, aún no he forjado una opinión concreta al respecto.

Si bien no hay nada que enseñe más que el hecho de ver mundo, con una vida nómada pierdes por completo la estabilidad de los convencionalismos. Y esta estabilidad durante la infancia, además de bonita, puede ser conveniente.

 

 

Ya sabéis, forjar amistades desde bien chiquitos, la estrechez de lazos durante el crecimiento y desarrollo, la etapa escolar… En definitiva, ofrecerles a tus hijos una infancia “de las de toda la vida”. Para que tengan amiguitos de jardín de infancia cuando sean mayores.

Aún así, ¿quién sabe?

Tal vez en un futuro nos veamos arrastrados a movernos al más puro estilo wanderlust, con los chiquillos a cuestas… ¡No digas de este agua no beberé! (no os decía yo…).

Uno de los temas clave en relación a este punto es el de la formación académica. Ésta debería estar tutelada por los padres y existen muchas escuelas a distancia que hacen posible este estilo de vida.

En fin, no hay nada más válido como justificación de que algo es posible, que tener ejemplos de que alguien lo ha hecho antes que tú. Si ellos pueden, ¿por qué tú no? Esta es la clave.

 

 

¿Puede que lo que huela sea miedo? Sí, puede que sí.

¿Te cuento un secreto?

Nos pasa a todos. Pero sólo tú puedes decidir si afrontarlo o no.

Al final, no hay excusas.

Sin embargo, también hay que sincerarse con uno mismo.

Parece que esto de los viajes está de moda, y que queda mejor decir “Si fueran otras mis circunstancias, me gustaría dar la vuelta al mundo, o vivir viajando” que “La verdad es que soy feliz con mi estilo de vida” y punto.

Porque la realidad es que cuando uno sale de casa así, pierde comodidades, sale de la zona de confort, se enfrenta a momentos delicados y renuncia a muchas cosas, aunque el balance al final sea siempre positivo.

Sí, a mi también me gustaría estar en casa cuando enfermo y no tengo alojamiento, hablar bien el idioma para pedir indicaciones porque no sé dónde estoy, o estar presente en el cumpleaños de mi sobrino, porque ya he perdido la cuenta de los eventos familiares que me he perdido.

A veces siento que no me acostumbro a no estar allí; la mayoría pienso que esto está hecho para mí. Por eso ya hemos pospuesto “el regreso a casa” en dos o tres ocasiones.

Pero supongo que, al fin y al cabo, es una cuestión de prioridades. Y este es el precio que tenemos que pagar, aunque suene mal decirlo así.

Recuerdo cuando le comenté a una de mis hermanas sobre este proyecto de vida que aún estaba por comenzar. Me dijo: “Yo soy más de echar raíces”.

 

 

¿Sabéis qué?

Que me agradó lo que escuché. Y no por la respuesta en sí, sino por la franqueza.

Así que primero, pregúntate si realmente es lo que quieres. Quizás eres ingeniero y tu proyecto de vida es destacar y ascender en la multinacional en la que trabajas, porque quieres triunfar laboralmente. O tienes hijos y ahora no entra en tus planes ni en tus ganas vivir así. O te gusta más la estabilidad, moverte en ambientes conocidos e ir a almorzar todos los sábados al bar de la esquina, que es el que conoces y más te gusta. O con un mes al año de vacaciones tienes suficiente para irte de viaje. O no te gusta viajar, y punto.

Lo que a mí me hace feliz puede no hacerte feliz a ti.
 Sin embargo, y parafraseando una parte del diálogo de Trainspotting que me gusta mucho: no te levantes los domingos por la mañana preguntándote quién co** eres. Y si lo haces, busca por qué. Seguramente te des cuenta de que, sólo en tus manos, está el cambiar tu suerte.

Disfruta tú que puedes.

 

¡Os animamos a que dejéis vuestros comentarios porque nos ponemos muy contentos de leeros!

¿Cuál es tu experiencia en esto?, ¿Qué opinas al respecto? ¡Comparte pensamientos!

 

Os dejamos con el vídeo de los meses en los que estuvimos trabajando en el Okanagan Valley, Canadá.

 

 

Cumplimos medio año de viaje en el PN Corcovado (Costa Rica)

El día 6 de abril de 2017 cumplíamos 6 meses desde el inicio de nuestra vida itinerante. Una repentina sucesión de hechos nos había invitado a cambiar los planes de viaje en el último momento: inundaciones en el sur de Colombia, desastres naturales en el litoral de Perú, y una visita inesperada a Cuba por parte de familiares y amigos en mayo y julio.

Estos fueron los desencadenantes principales de que, partiendo de nuestra base en Manizales (Colombia), nos encaminásemos rumbo a Centroamérica dejándonos, por tanto, el resto de Sudamérica pendiente para otra ocasión.

Teníamos un total de 46 días para salvar la distancia Cancún-Ciudad de Panamá a dedo, lo que nos dejaba un promedio de una semana  por país (Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala y  el ala sureste de México). Recortaríamos en algunos países y ampliaríamos en otros.

Siguiendo esta premisa conseguimos salir de Panamá en 3 días.

Los que nos conocéis ya sabéis que no nos gusta viajar con prisas, pero el vuelo Cancún-la Habana estaba fijado y comprado, así que no había posibilidad de negociación. Costa Rica encajaba en nuestros planes, pero no en nuestro presupuesto. Sin embargo, el Corcovado es a los amantes de la naturaleza y la biodiversidad lo que la Meca a los musulmanes, así que simplemente no podíamos pasarlo de largo.

Haciendo autostop Corcovado
Acercándonos al PN Corcovado

Una precaria conexión a Internet nos hizo dar con el nombre que buscábamos: Puerto Jiménez. Puerto Jiménez es el último pueblo antes de la entrada al parque. En este núcleo de aproximadamente 9000 habitantes, es donde se contratan las excursiones y se provee uno de los servicios necesarios antes de perderse en plena naturaleza.

Con ciertas complicaciones -en zona franca son habituales los controles policiales, y la gente no se siente cómoda subiendo a autoestopistas-, finalmente conseguimos llegar al pueblo a mediodía. Antes incluso de sentarnos a acallar el rugir de nuestros estómagos hambrientos, entramos a una tour operadora a preguntar cuánto costaban las excursiones al Parque Nacional del Corcovado. Los precios que obtuvimos fueron siempre superiores a los 190 dólares por persona, por dos días de excursión, comidas aparte.

Si uno trabaja todo el año y quiere unas vacaciones por todo lo alto, adelante: páguelo. Pero actualmente nosotros vivimos así, y estamos cada dos por tres llegando a sitios en los que "merece la pena" dejarse un riñón porque tienen algo que los convierte en únicos.

Total, que nosotros tantos riñones no tenemos, y no podemos invertir en dos días lo que nos gastamos en veinte.

Querer, es poder

Sin embargo, dicen que querer es poder, y aunque ya nos advirtieron de que desde hace unos años no se puede entrar al parque sin guía (cuestión de seguridad, dicen), nos enfilamos camino al Parque Natural del Corcovado de todas formas.

Desde Puerto Jiménez y hacia la entrada del parque, solamente hay dos pequeños núcleos con hoteles y algo de movimiento turístico (muy tranquilo en esta temporada): Matapalo, a 24 km de Puerto Jiménez, y Carate, a 24 km más desde Matapalo. El último bus (acá llamado "el colectivo"), ya había pasado, y aunque nos dijeron que durante ese trayecto la gente no para a los autoestopistas (intuimos que por afianzar el negocio del transporte y las tour operadoras), nos lanzamos a por ello.

Andando por la playa
Andando por la playa en las inmediaciones del parque

Camina que te camina, y suda que te suda durante buen rato.

En Costa Rica el frío no te mata, pero quizás sí una deshidratación de narices. Pasaron muchos coches, y efectivamente ninguno paraba. Al final, creo que fuimos creando tal mueca de desespero en el rostro que nos paró una familia de costarricenses que se dirigían hacia Matapalo.

Una adolescente en la parte trasera con los cascos puestos, una mujer en el asiento del copiloto algo arisca, y un señor al volante al que le preguntamos si podíamos subir, y que creo que nos hubiese dicho que no, si no le hubiésemos removido la conciencia. Tarea fácil.

Algunas veces los coches nos suben y notamos en el ambiente cierta incomodidad, un ambiente hostil, porque están expectantes por saber quiénes somos, de dónde venimos, y de qué vamos.

Comencé a charlar como si no hubiese mañana y a explicar a grandes rasgos nuestra trayectoria en la vida. Poco a poco creo que nos fuimos ganando su simpatía: la adolescente se quitó los cascos a modo de "estos dos molan", la mujer en principio arisca comenzó a introducirse con comentarios cómplices, y el señor tomó la postura de oyente atento.

Aquella noche acampamos en una bonita playa con -dato MUY importante- duchas de agua dulce. Al día siguiente emprendimos de nuevo camino, queriendo llegar a la entrada al parque. Y si el día anterior fue duro... Este fue ya tremendo. Pasaban coches con turistas gringos al volante. Y ninguno paraba. Algún costaricense sí lo hizo, alegando no poder subirnos: "Trabajamos en un hotel de acá y el dueño (gringo, obvio), no nos deja subir a nadie en el carro".

Fuimos autoencizañándonos y creando una especie de rencor reivindicativo hacia estos norteamericanos, que no venían sino a hacer lo que consideramos una colonización silenciosa: compran tierras, montan negocios, suben los precios hasta las nubes y encima no te suben al carro cuando te ven haciendo autoestop. Conclusión: los extranjeros tienen más facilidades para conocer una joya como el Corcovado, que los propios costaricenses -situación que sabemos que se repite en tantos otros lugares-.

Durante este trayecto de penitencia que al final se convirtió en un río de emociones intensas, nos preguntamos también sobre la naturaleza humana. Yo le decía a Sergio: "No les estamos pidiendo dinero, a la vista está que tenemos menos peligro que Dora la Exploradora (esas cosas se intuyen). Nos están viendo sufrir con este peso tremendo, y sudar a pleno Sol. Obviamente se dirigen hacia donde nosotros, que es la única dirección que hay."

¿Quién sino una mala persona pasa de largo sin más?

Entrado al PN Corcovado
Entrado al PN Corcovado

Todo pasa por algo

Nos sentamos a descansar. Algunos coches más pasaron pero ya no teníamos ganas ni de levantar el dedo... Y cuando al rato estábamos superando la ola del resentimiento, para un carro. Era una pareja de estadounidenses que estaba de vacaciones, Chino y Megan. El feeling entre los cuatro fue instantáneo, y Chino pasó de decir "Estamos buscando la casa que hemos alquilado por tres días, que está cerca. Pero no os vamos a dejar aquí... Os llevaremos hasta Carate", a directamente invitarnos a pasar con ellos la noche: "Os quedáis en la casa, os va a encantar. Y mañana os llevamos a Carate". Nos miramos sonrientes y aceptamos inmediatamente.

Llegamos a la casa y... Directamente nos quedamos sin palabras. Enfrente del mar, con piscina, dos plantas, una cama de nubes para nosotros solos, naturaleza in vivo en el jardín y lujo en cada rincón.

Para que os hagáis una idea: el retrete tenía un mando a distancia donde podíamos programar función de lavado (delantero y/o trasero) y secado. Pasamos un total de 24 horas magníficas con ellos, y nos tomamos unas copas de vino después de cenar a modo de celebración. ¿Os dije ya que ese día cumplíamos 6 meses desde el comienzo de nuestra vida itinerante?

Regalo de meseversario (¡aniversario del mes!)

Lo más gracioso de todo es que cuando Chino y Megan nos recogieron, se habían pasado la casa de largo. Resultó que la casa estaba justo al lado de donde habíamos acampado la noche anterior, así que un día después nos encontrábamos durmiendo casi en el mismo lugar pero, obviamente, en unas condiciones muy diferentes. Cosas de la vida.

Sergio descansando en la cama de nubes
Sergio descansando en la cama de nubes

Nos ofrecieron quedarnos una noche más con ellos, pero apremiados por el poco tiempo y las muchas ganas de explorar el Corcovado, decidimos seguir camino. Nos despedimos de ellos en Carate, y tras regalarles un par de pertenencias personales a modo de "recordad este encuentro", hicimos una pequeña caminata de 3km de trekking hasta la entrada misma al Parque.

Llegados a la entrada, nos dijeron lo que ya sabíamos: que sin guía no estaba permitido el paso.

A estos precios, naturaleza para ricos 😉

Aún así no nos importó, porque aunque nos faltó el deseado oso perezoso, vimos monos aulladores, monos araña, capuchinos, saimiris, coatís, guacamayos, osos hormigueros, tucanes y zopilotes en plena naturaleza. Según nos dijo una chica canadiense que conocimos a la vuelta: "Tal vez se vean tantos animales en las inmediaciones al parque, como dentro del mismo".

 

mono colgando

Mono colgando en el PN Corcovado

Guacamayo en PN Corcovado

Guacamayo

Oso hormiguero

Oso hormiguero

Coatí

Mono colgando en el PN Corcovado

Seguimos en nuestro afán de compartir experiencias y reivindicar que descubrimiento y dinero no siempre van de la mano.

¡Atentos al plan B, que si se quiere, se puede!

Vidas indígenas: un viaje al pasado

Debo confesar que nos fuimos del Amazonas con un deseo incumplido. Nos convertimos en oyentes de contadores de historias indígenas durante nuestra estancia allá, desde que pisamos Manaus hasta que nos fuimos de Puerto Nariño. Escuchábamos atentos, boquiabiertos y preguntones ante todo lo que nos despertaba curiosidad, que no era poco.

Tras el batiburrillo de información clasificamos las comunidades indígenas, a groso modo, en tres categorías: las  contactadas, las no contactadas, y una categoría intermedia, contactada pero con reservas. Dicho sea de paso, que me perdonen los antropólogos; esta división fue creada con el rigor del que se zambulle en una marea de historias y se hace un esquema mental carente de rigor pero útil, con el fin de entenderlas.

En las comunidades contactadas la cultura del civil, del hombre blanco, se ha adentrado devorando ferozmente tradiciones y estilos de vida; como el virus que, tras invadir la primera célula del cuerpo, se expande sin retroceso. Por ello no es infrecuente ver en las cabañas de estas comunidades, comodidades propias de la era moderna: televisores y móviles, motocicletas, hijos que son enviados a la universidad -quizá uno de cada seis-, tal vez incluso vicios y adicciones como las que causa el alcohol.

 

Niños de la etnia tikuna jugando a fútbol en la comunidad indígena Guanabara III (Amazonas, Brasil).

 

Las no contactadas viven en territorios protegidos por el estado, y está totalmente prohibido a nivel legal que el foráneo se adentre. El osado podría incluso pagar el atrevimiento con la muerte, pues ellos no quieren intrusos en sus tierras, no quieren culturas que acaben engullendo la suya. Quizás en estas comunidades haya personas que ni sepan que existimos, que existen otros estilos de vida ajenos. Es una existencia tan arraigada a lo que la Madre Tierra les ofrece, que se hace sorprendente que hayan sobrevivido intactas y continúen en pie siglos después de la colonización.

Por último está la clase intermedia, que es un mix de ambas. Suelen habitar lejos (a días en barco o a pie) de los principales núcleos de población, y aunque tienen un estilo de vida relativamente inalterado, sus gentes viajan con periodicidad a pueblos o ciudades para proveerse de bienes y servicios. Por lo general, no ven con buenos ojos la presencia de extraños, y si el civil se empeña en querer visitarlas, seguramente tenga que pedir algún permiso de índole legal y convencerlos de antemano.

Aunque pudimos visitar y pernoctar en comunidades contactadas, nos quedamos con las ganas de vivir una experiencia más auténtica. Obvio no íbamos a ser cómplices de tours en lo que te llevan a ver indígenas que comienzan a danzarte fingiendo no entender el portugués, fingiendo tener un estilo de vida que hace tiempo abandonaron o que ni siquiera han llegado a tener. Quizás lo único que los une a esta cultura son una fisionomía común, la sangre de origen. Tampoco queríamos circos al aire libre, en los que se te permite acariciarle la cabeza a un delfín rosado amaestrado que se baña contigo porque sabe que el adiestrador le va a dar un pescado luego. Buscábamos un contacto real, auténtico, pero nos fuimos del Amazonas sin conseguirlo. 

¿Y por qué tanto empeño? Quizás si sois ciudadanos de este bello continente estéis acostumbrados a oír hablar, a ver etnias indígenas. Nosotros, que venimos del otro lado del Atlántico, conocíamos la teoría de los libros de historia o los documentales de televisión. Y la verdad es que, amigos míos, la teoría dista mucho de la experiencia vivida.

 

Esto es, precisamente, la clase de teatro que no buscábamos…

 

Imaginad una cultura en la que los chamanes se reúnen y mambean su poporo durante rituales de reflexión que duran días y días; mambean y mambean, ni comen ni duermen. Pensad en enfermedades terminales incurables que consiguen desaparecer tras meses de tomas de yagé o ayahuasca a modo de tratamiento -pero del de verdad, del que no se adultera-.

Cread en vuestra mente el sonido de lenguas antiquísimas que se han transmitido generación tras generación gracias al don de la palabra dicha, sin registro escrito ni lectura disponible. Deliberad sobre tradiciones tan éticamente controvertidas como las que dan pie a que niñas de 12 años queden embarazadas en relaciones incestuosas porque el padre, los tíos o los hermanos se sienten con la responsabilidad -o el derecho- de introducirlas en las labores del sexo.

Preguntaos si le pediríais a vuestro hermano que se hiciera cargo de vuestras responsabilidades maritales -en todos los aspectos de esta expresión-, para con vuestra esposa e hijos mientras os vais unos días de caza. Imaginad las discusiones de algunos indígenas cuando bajan al pueblo, se quedan mirando la película de ciencia ficción que dan en la tele de la cafetería y comienzan a discutir entre ellos porque creen que el hombre que han visto volar en pantalla o el animal de tres cabezas que echa fuego por la boca existe de verdad.

Trazad en la imaginación siluetas menudas, pieles oscuras y tersas, ojos rasgados, cabelleras de negro azabache, densas y lisas, ropajes de algodón blancos o cuerpos desnudos decorados con pinturas que sacan de plantas y árboles. Haceos una idea del impacto causado por misioneros de religiones evangelistas que tratan de “captar almas” en comunidades indígenas en las que lo más parecido a una religión es la basada en la de los 4 elementos.

Pensad en cómo se desvirtúa la evolución de culturas ancestrales que se ven alteradas por formas de vida en las que hablar a través de un teléfono móvil con alguien que está en la otra punta del mundo dejó de ser un reto hace mucho. Mezclar estas culturas ancestrales con hábitos de vida modernos, es como saltarse siglos de “evolución” de por medio.

 

Niños de la etnia de los cogui en la Sierra Nevada de Santa Marta.

 

Analizad todo esto con una mirada curiosa, intentando vaciar vuestros prejuicios y evitando poner en tela de juicio. Son culturas vivas, paralelas y contemporáneas a la vuestra. ¿En serio no sentís la intriga?

Dicen que todo llega en su debido momento, así que nos fuimos del Amazonas un poco tristes por este deseo no cumplido pero mirando de nuevo hacia todo lo que estaba por venir.

¡Zas! La magia indígena apareció de nuevo en La Guajira, Colombia. Nos gusta decir que descubrimos la otra cara del turismo en Palomino porque, aparte de descansar mucho en la casa y formar una pequeña familia con la gente del hostal, cambiamos los días de Sol y playa por un par de travesías en la Sierra Nevada de Santa Marta. Nos hablaron de un poblado indígena subiendo el río Ancho, a unos 12Km de Palomino, al que con un poco de suerte se podía acceder si llevabas comida como ofrenda y los pillabas de buen talante.

Sin saber muy bien con qué nos íbamos a encontrar, cargamos con la tienda de campaña y comida para unos tres días, y salimos de Palomino. Poco antes de llegar al poblado nos cruzamos con un par de argentinas que nos dijeron que se habían tenido que devolver porque a partir de ahí no dejaban pasar. Digamos que la Sierra es territorio indígena, así que los foráneos no son siempre bienvenidos. Las dos muchachas estaban ligeramente alteradas por el ímpetu con el que se las había “invitado” a marcharse, lo cual ya fue una muestra de que lo que pretendíamos hacer no era del todo fácil.

 

Este es el poblado que está subiendo por Ríoancho.

 

Llegamos al poblado y conseguimos seguir camino más allá dándole algo de dinero a una señora que estaba sentada en la puerta de una de las cabañas -no sé si a modo de vigía o simplemente se encontraba tomando el fresco-.  Como no teníamos tantos paquetes de arroz como personas nos íbamos a cruzar en el camino, nos metimos galletas en los bolsillos y a modo de “por favor déjame pasar” íbamos repartiendo a diestro y siniestro.

Conseguimos subir por el río durante unas 8 horas de caminata, y visto en retrospectiva creo que tuvimos mucha suerte. A partir del primer poblado, solamente vimos a cuatro no indígenas, acompañados por un par de Coguis (etnia predominante subiendo el río Ancho) a modo de tour, que se extrañaban al vernos solos, sin guía.

A media tarde llegamos a un punto en el camino en el que había una extensa familia afuera de la cabaña. Uno de los hijos mayores -después supimos que se llamaba Mateo y tenía 18 años-, al vernos se plantó frente a nosotros mirándonos con los brazos en jarras, y diciendo en un español forzado: “A ver, ¿quiénes son ustedes?, ¿qué hacen aquí?, ¿y quién les ha permitido pasar?”. Inciso: de Mateo me hacía gracia la tendencia que tenía de colocarle a todas las palabras la S al final, aunque estuvieran en singular.

Por fin la reacción que llevábamos 8 horas esperando… Le explicamos como pudimos nuestra trayectoria, y nos dijo que seguir camino a tales horas de la tarde era peligroso. “Nosotros nos sentimos con una obligación para con ustedes. Nos toca hacernos cargo si les pica una serpiente, o se extravían en el camino. Mejor quédense a pasar la noche y ya vemos cómo lo arreglamos”.

Supongo que esperando una buena recompensa, nos dijo las instrucciones que debíamos seguir cuando viniera el padre -ellos dos eran los únicos de toda la familia que hablaban un poco de español-: “Le tienen que decir que me conocieron en Palomino, que somos amigos y que están conociendo el lugar”.

Insistió tanto en esto que nos creamos la expectativa de recibir una mala reacción por parte del padre en cuanto nos viese. Al final, acabamos ayudándoles a pelar yuca, cocinamos y compartimos toda la comida que llevábamos para la cena y el desayuno del día siguiente.

 

En la foto el padre de la familia Cogui con la que estuvimos.

Mientras montábamos la tienda de campaña y sacábamos nuestras cosas nos hacían círculo boquiabiertos. Más de 10 pares de ojos expectantes a todos los objetos extraños que llevábamos… Parecía que no sólo nosotros estábamos descubriendo otra cultura.

Esa noche fue intensa porque después de cenar nos sentamos a conversar alrededor del fuego con el padre, Mateo -quien se quedó dormido rápidamente-, uno de sus hermanos y un par de chiquillos. Recuerdo que uno de ellos se tumbó a mi lado, al fuego, y se reía inocentemente con las cosquillas que mis dedos trazaban en su brazo. Imagínense la situación. Nos preguntaron asombrados cómo es que con nuestra edad aún no teníamos hijos, y se sorprendieron aún más al descubrir que tal vez tenerlos para nosotros era una opción, no una imposición.

A la mañana siguiente Mateo salió de la cabaña con una larga lista de cosas que querían que les comprásemos. (Aclaración: aunque casi ninguno hablaba español, se notaba que Mateo estaba avispado con respecto a la ley del comercio y el regateo). Un poco entre risas le dijimos que todo eso no podíamos comprarles: “Mateo, a ver si nos va a salir la noche más cara que en un hotel 5 estrellas”, así que acabamos pactando que compraríamos en Ríoancho lo que considerásemos oportuno. El hermano mayor nos alcanzaría en el camino para recoger la compra.

 

Acampamos al lado de la cabaña de la familia Cogui.

Mientras tanto, mandaron con nosotros a un peladito, un muchachito de unos 5 años que se hizo las 6h de bajada sin zapatos, a un ritmo incansable y con dos saquitos cruzados en los que llevaba plátanos para comer durante el camino. El muchachito solamente hablaba cogui, y cada vez que se tropezaba con una piedra en el camino y se hacía sangre en el dedo, nos daba una ternura implacable.

En el camino de bajada nos paró un señor con un recelo inquisitivo. Nos hizo gran cantidad de preguntas: que cómo habíamos conseguido pasar sin permiso, dónde habíamos dormido, a quién conocíamos, qué hacíamos allá. Le digo a Sergio: “Nos lo llegamos a encontrar ayer y no pasamos”. Mateo nos dio información suficiente antes de salir de la casa como para aplacar en cierta medida semejante interrogatorio, pero nos apresuramos a concluir conversación diciéndole que teníamos prisa por bajar y que nos íbamos ya. 

La familia nos había colocado a los dos unas pulseras de hilo blanco y detalle en rojo en el brazo derecho. Después supimos que son pulseras de protección, y que no las comparten con todo el mundo. 

Este muchachito, Mariano, es el que nos acompañó durante el camino de vuelta.

Llegamos al pueblo, donde se supone que debíamos reunirnos con el hermano mayor. Esperamos frente a la tienda un rato, y tras charlar con el dueño -“Ah, yo los conozco. De vez en cuando vienen a comprar aquí”- y viendo que no aparecía nadie, le puse un billete en la mochilita al niño, repitiéndole unas cuentas veces el nombre de Mateo. El niño asintió, y con un poco de pesar lo dejamos con el señor de la tienda bebiendo gaseosa y comiendo pan.

Lo que yo diga, el intercambio cultural más berraco (como dicen aquí) de mi vida. Deseo cumplido.

 

La magia de la Sierra Nevada de Santa Marta

Palomino nos enganchó como sólo lo hacen los sitios en los que uno se siente verdaderamente a gusto. Aquí el turismo ha crecido efervescentemente en los últimos 4 o 5 años, y no es raro encontrar en este, municipio de entrada a la Guajira, representantes de las nacionalidades más diversas y lejanas. Lo que pensábamos que iban a ser 2 días (no nos atraen especialmente los sitios turísticos), se convirtieron en 12, periodo en el cual tuvimos tiempo de iniciar y concluir una travesía por las inmediaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, subiendo el río Palomino.

Esta foto fue tomada furtivamente en un poblado de la etnia de los Cogui. La vestimenta típica es como la que lleva el niño en la foto.

La Sierra Nevada de Santa Marta es territorio indígena. Viven etnias como los Coguis y los Aruacos, que construyen cabañas de barro y chamizo, visten con prendas de tela blanca y viven recordándonos épocas pasadas: cultivan lo que comen, habitan la Sierra sin electricidad ni otras comodidades de la era Moderna, y no es infrecuente encontrar a personas que ni entienden ni hablan español, sobre todo conforme se va ganando en altura y en distancia con respecto a los núcleos urbanos.

Adentrarse en la Sierra no es tarea fácil, ni siquiera en sus faldas más bajas: uno se siente como invadiendo salón de casa ajena. Se trata de un territorio sagrado en donde no siempre se permite el paso. Dicen que los indígenas presienten la energía de las personas, juegan con ventaja. Aceptan ofrendas, miran curiosos, te preguntan a dónde vas.

A esta familia de indígenas Aruacos la conocimos de regreso a Palomino.

Los Mamos son los primeros en esta jerarquía; cuentan las leyendas que controlan las fuerzas de la naturaleza, lo que les ha permitido persistir y mantenerse fuertes tantos siglos posteriores a la colonización. Los más poderosos habitan las cimas de los nevados, y que un civil, un blanco, un no-indígena llegue hasta allí o corone alguna de sus cimas (algunas superiores a los 5.000 metros), es directamente imposible. Sin embargo, la Sierra elige quién debe entrar y quién debe salir de ella. Expulsa de su vientre a quien no merece caminarla bastándose con argucias tan diversas como picaduras de serpiente, desorientación del caminante, quemaduras varias, y otras armas letales. Los que se han atrevido a entrar sin consentimiento han salido con secuelas de por vida, o quizás ni han llegado a salir. Espero haber transmitido con esto que la Sierra es poderosa.

La travesía que realizamos me regaló muchas cosas los días en que la disfrutamos: comida para paliar el hambre, agua para saciar la sed, el misticismo de quien se adentra en territorio sagrado, la sanación de espíritu del que camina y camina y acaba purificándose.
No obstante, no todos los regalos fueron igual de gratos. Algo me picó y yo me rasqué. El caso es que la pierna izquierda se me hinchó bien feo, y al día siguiente de regresar al hostal acabé sin tobillo y como el pie cual pata de elefante con retención de líquidos.

Desafortunadamente sale un poco movida, pero la luz de esta instantánea me parece mágica.

Tras dolorosas friegas de desinfección en casa y trucos domésticos varios con mi botiquín de viaje, me decidí a visitar -un poco a regañadientes-, a un curandero en Palomino. “¿Por qué no vas a William?”, me decían hasta por la calle. Este señor lleva ejerciendo décadas, y según cuentan buenas y malas lenguas, la gente lo visita desde lejos. “Hasta en el Centro de Salud del municipio médicos y enfermer@s mandan allí los peores casos”, oí comentar.

El caso es que llegué una polvorienta mañana de domingo a su morada. En ese corral había gallinas, polluelos, perros rastafaris y hasta una capibara con collar, un roedor gigante que tienen como mascota. Me tendió con su uña negra un algodón empapado con no sé qué para que yo misma limpiara las heridas, que habían comenzado a cicatrizar sobre zona infecta. El sitio me pareció tan antagónicamente alejado de la asepsia, e inadecuado para tratar cualquier tipo de infección, que me fui de allí diciéndole que volvería tras limpiarme bien las heridas en casa, pero sin ánimo de hacerlo realmente. Escéptica, incrédula, demasiado científica y analítica.

Seguí con mis curas domésticas pero por la tarde la cosa no había hecho más que empeorar. Llegaron al hostal un par de muchachas colombianas que, al verme, me dijeron: “En climas tropicales este tipo de problemas pueden complicarse que ni te imaginas. Parecen picaduras de pito (una especie de chinche), cuya orina tiene bacterias tan bravas que carcomen la carne y pueden causarte infección sanguínea con secuelas a medio y largo plazos. Una vez una chica llegó a Palomino con el dedo tan carcomido que se le veía hasta el hueso. Por favor, visita al curandero William”.

No tengo foto del pie, pero os puedo mostrar cómo es una capibara. En Colombia las llaman chigüiro

El caso es que volví a ese corral por la tarde como una coja tan emparanoiada, que si me hubiese dicho que revolcándome en piscina de estiércol me curaría, lo hubiese hecho. Me aplicó un polvo terroso en 5 de los 6 núcleos de infección, una pomada en el sexto, y me dio a beber un trago que llaman “la contra”. Una amarga bebida de hierbas que limpia la sangre. “Regresa mañana para ver cómo sigues”, me dijo. Me desperté a la mañana siguiente andando recto y con el pie irreconocible. Y a partir de aquí todo evolucionó sin complicaciones.

Aclarar que don William no cobra visitas; acepta obsequios. Medicina tradicional versus Medicina moderna, 1 a 0. Ya saben, si están por Palomino y la cosa se pone fea, visiten a don William. Mis eternos respetos para este señor.

Como siempre, os invitamos a que compartáis con nosotros vuestros comentarios 🙂 ¡Nos encanta leeros!

Guía sencilla sobre Guatapé; el pueblo de los zócalos (Antioquia, Medellín)

Situado a 79 km hacia el este de Medellín, Guatapé es considerado el segundo pueblo más bonito de Colombia -seguido de Barichara en el departamento de Santander-. Y la verdad es que no me extraña. Nada más llegar puedes observar todos sus atractivos de una sola mirada, lo que hace que se te encoja una parte de ti, de ver toda esa hermosura reunida; su Piedra del Peñón, su represa de color verde intenso, sus coloridas calles y su entorno rural y montañoso.

Guatapé
Mirador desde la base del Peñón de Guatapé.

¿Cómo llegar?

Desde la terminal Norte en Medellín se coge un autobús hasta Guatapé (13.500 COP) o hasta el Peñón de Guatapé (12.500 COP) en un trayecto que dura unas 2 horas. A la base del Peñón se puede subir andando, desde donde te deja el autobús, durante unos 20 minutos o coger un motocarro por unos 4.000 COP (precio aproximado). De aquí a Guatapé hay poco menos de una hora caminando (4.2 km). De nuevo esta distancia puede salvarse en motocarro por otros 4.000 COP.

Nosotros decidimos bajarnos en la parada del Peñón, que era más barato y el pueblo quedaba relativamente cerca. La parada es justo en la carretera que sube, con bastante desnivel, al famoso Peñón de Guatapé. Aquí mismo hay una gasolinera con un pequeño restaurante donde se come muy bien por 10.000 COP. Empezamos a caminar loma arriba y enseguida divisamos ese gigantesco pedrusco de 200m de altura con una construcción en la parte más alta a la cual se accede por unas escaleras que están increíblemente encajadas en la propia piedra.

Peñón de Guatapé
Peñón de Guatapé. A la izquierda se pueden observar las escaleras que suben a la caseta de la parte superior.

En la base del peñón se encuentran los restaurantes, cafeterías (de precio más elevado) y las taquillas donde te cobran el acceso a la parte superior. Desde aquí mismo se tienen unas vistas espectaculares de todo Guatapé y sus alrededores, así que decidimos que no merecía la pena gastarse el dinero en subir. Cuando nos cansamos de hacer fotos y disfrutar de las vistas fuimos a comer al restaurante de la gasolinera. Mientras comíamos tranquilamente todo se oscureció y empezó a caer un chaparrón de los buenos que duró una hora y pico. Aprovechamos y empezamos a diseñar el logotipo del blog en las servilletas del restaurante haciendo garabatos con bastante poca clase.

SI A ALGUIEN SE LE OCURRE ALGO…¡¡¡QUE SE PONGA EN CONTACTO!!!

¿Dónde alojarse?

La oferta hotelera es muy amplia y para todos los bolsillos. Para los mochileros que quieran dormir en una cama tienen la opción de alquilar habitaciones en apartamentos con cocina, baño y habitaciones compartidas desde 15.000COP/persona muy bien ubicados. 

También existe la opción de la acampada libre. Rodeando la represa hay infinidad de sitios donde montar la tienda de campaña y pasar una agradable noche. Eso sí, traed saco de dormir y abrigo que algunas noches suele hacer bastante fresco y no es raro que llueva.

Nosotros veníamos con idea de acampar pero era un auténtico desafío. La tienda no aguanta mucha lluvia ya que tiene goteras, no tenemos aislantes y el suelo estaba empapado. Sin embargo, encontramos un pequeño jardín enfrente de unas humildes casas y decidimos preguntar. Tocamos al timbre y se asomó, por los 3 cm de puerta abierta que dejó, una mujer mayor. “Sí, ahí se pueden quedar si quieren, pero mañana váyanse pronto”, dijo. No habían pasado ni dos minutos desde que cerró la puerta cuando salió y nos dijo; “hace mucho frío, va a seguir lloviendo y esa grama está muy húmeda. Pasen a casa y les hacemos un hueco para que descansen”.

Así es como entramos en casa de una familia desconocida, nos dieron de cenar, techo y un desayuno. Dormimos en el suelo rodeados de mascotas (tenían dos perros y dos gatos conviviendo en perfecta armonía), y tantas mantas como para parar un tren. Estas cosas no dejan de sorprendernos y cada vez nos humanizan más.

Esta es Venus, una preciosa perrita del hijo de los dueños de la casa.

El pueblo de Guatapé es una mezcla de casas pintadas de mil colores, de balcones con flores y de gente paseando y tomándose algo en las terrazas que dan a la plaza principal de pueblo. Pasear por sus calles es una delicia para los sentidos, sobre todo, la vista. Las artesanías se encuentran en cada esquina y es difícil abstenerse de no comprarlo todo compulsivamente.

Mientras paseábamos y nos deleitábamos, preguntamos precio en un sinfín de hostales y alojamientos privados. Nos hubiésemos ido a acampar pero necesitábamos internet para que Eva pudiera realizar la entrevista con Pablo de Bikecanine y así conseguir que más gente la apoyara en el concurso de las aerolíneas LATAM (Aquí el vídeo de la entrevista). Al final encontramos uno que nos costó, tras regatearle, 10.000 COP la noche/persona. Una ganga, ya que era un apartamento completo con habitación compartida y cocina, pero que, sería sólo para nosotros.

Una de las calles de Guatapé decorada con mil colores.

Una vez visto el pueblo lo que queda es pasear por los alrededores. Nosotros decidimos visitar el Monasterio de los Monjes Benedictinos. Es un paseo de no más de una hora para llegar, aunque a nosotros nos costó más del doble porque estuvimos entreteniéndonos haciendo fotos a todo lo que veíamos. El Monasterio en si no tiene gran cosa pero el paseo es realmente recomendable.

¿Qué hacer?

Aunque ya hemos ido desvelando qué podemos hacer en Guatapé, resumimos a continuación los 4 puntos básicos:

  • El peñón: El principal atractivo turístico de este pintoresco pueblo es el Peñón de Guatape o Piedra del Peñol. Un monolito de piedra de 200m de altura al pie de la laguna que emerge desde la represa, rodeado de lomas verdes y casas de alto nivel. Se puede llegar a la cima subiendo los 692 escalones, pero cobran una entrada de 18.000 COP.
  • Guatapé: Darse una vuelta por el pueblo contemplando las casas pintadas de mil colores, tomarse una cerveza en una terraza al sol en la plaza de los zócalos o comprar artesanía de la región son ejemplos de lo que aquí se puede hacer. Todas las casas llevan zócalos coloridos con diferentes motivos en la parte baja de las fachadas; por ello es que el pueblo parece de cuento.
  • Dar una vuelta en barca por la laguna: Por un precio que ronda los 40.000 COP/barca se puede dar un paseo por la represa y visitar sus recovecos.
  • Visitar el monasterio de los monjes: tras un agradable paseo por los alrededores de Guatapé, viendo el ganado pastar y salvando una distancia de aproximadamente 4 km y una hora de recorrido, se llega al monasterio de los monjes.
Monasterio Monjes Benedictinos
Sergio en la entrada al Monasterio de los Monjes Benedictinos

En total estuvimos 3 días. Habíamos hecho la entrevista, visto el Peñón, Guatapé y paseado por los alrededores así que decidimos movernos hacía nuestro próximo destino: Manizales.

 

Si has estado por Guatapé y consideramos que nos hemos dejado algo por ver ¡no dudes en contárnoslo!.

El equipaje del mochilero: todo lo que necesitas saber

El simple hecho de pensar en cómo preparar tu mochila antes de un largo viaje, o un viaje por tiempo indefinido, puede convertirse en un auténtico quebradero de cabeza. Pero no te preocupes… es en realidad más fácil de lo que parece.

Si ya has hecho antes algún viaje de al menos 2-3 semanas, te habrás dado cuenta de que generalmente tendemos a llevar cosas de más que luego ni utilizamos. Nuestro consejo es que te informes a grandes rasgos del clima de las regiones que tienes pensado visitar, aunque si no vas a zonas de climas extremos, lo normal es que te encuentres con condiciones meteorológicas variadas. Aun así… viaja ligero, pues vas a ser tú el o la que cargue con todo el peso a la espalda. ¡No vayas a parecer Reese Whiterspoon en “Alma salvaje”!

Reese Whiterspoon en la pelicula “Alma salvaje” cargando con una mochila que es el doble de su tamaño ¿Quieres parecerte a ella?

¿Qué mochila elegir?

La mochila es un elemento fundamental en tu viaje que te puede ayudar a llevar toda la carga de forma cómoda o te puede, incluso, lesionar. Por ello, tenemos que dedicarle un tiempo para la búsqueda y probar diferentes modelos antes de lanzarnos a la compra. Para realizar la prueba la mochila deber ir cargada con el peso aproximado al que vayas a llevar para ver posibles roces, incomodidades, etc.

Características que debería tener una mochila para un largo viaje:

  • Diseño ergonómico que permita una adecuada repartición del peso entre los hombros, espalda y tren inferior. Debe contar con:

  • Riñoneras para descargar el peso en la cintura: Es vital para tu salud y tu espalda que cuente con ellas. El peso se tiene que repartir entre tus hombros un 45% y tus piernas un 55%. Además, deben estar acolchadas y ser cómodas, sino acabarás con rozaduras muy molestas en la cintura.

  • Correas de ajuste de carga en pecho y cintura. 

  • Espalda regulable en altura y acolchada (a poder ser con algún sistema de ventilación para evitar que la espalda se te empape de sudor).

  • Cincha para acercar la carga a la espalda.

  • Resistencia: El material textil de la mochila tiene que ser resistente a rozaduras y golpes. Las costuras deben ser fuertes y las partes plásticas, como los cierres y hebillas, de buena calidad. De lo contrario, cuando lleves mucho peso verás cómo la mochila se va desgajando como una naranja por los lados más expuestos al peso.

  • Peso: Cuanto más liviana sea mejor. Recuerda que cada gramo extra cuenta y serás tú mismo quien los cargue.

  • Cinchas para amarrar objetos (tienda de campaña, cantimplora, zapatillas…).

  • Bolsillos organizativos, apertura inferior y superior del cuerpo principal -si cuenta además con apertura frontal mejor aún-.  Te permitirá acceder a los objetos de uso cotidiano sin tener que sacar todo el contenido de la mochila.

Esta es la mochila que actualmente lleva Eva, de 50L de capacidad. Muy buena relación calidad/precio y liviana. En contra: el tejido no es el más resistente a las rozaduras. Modelo Quechua Forclaz 50 Speed

¿Capacidad y peso máximo?

La capacidad de la mochila que elijamos va a depender de cada uno y de los caprichos extra que quieras cargar, pero se recomienda una mochila de unos 50-70L y un peso máximo de 15 kg. Yo, que soy un burro, empecé con 22 kg repartidos entre la mochila grande y la pequeña. Tardé poco tiempo en deshacerme de ropa que no me ponía y otras tonterías que no eran vitales para poder guardarlo todo en una mochila y además disminuir el peso.

¿Una o dos mochilas?

Es conveniente, sobre todo si te gusta hacer excursiones, que lleves, a parte de la grande, una mochila pequeña (unos 20L) para no tener que ir cargado con el mochilón cuando quieras ir a dar una vuelta por la ciudad o para hacer una excursión de 1 o 2 días. Además, te servirá para cuando cojas un avión o un autobús, llevar contigo la mochila pequeña con tus pertenencias más valiosas y dejar la otra en la cabina.

Mucha gente, nosotros mismos en el inicio, lleva las dos mochilas cargadas; la grande a la espalda y la pequeña delante. Nos dimos cuenta al poco tiempo de que no es cómodo por varias razones:

  1. Poca maniobrabilidad: entrar con dos mochilas a un autobús es una odisea.

  2. Cuando descargas tienes que estar pendiente de dos mochilas.

  3. Si eres una persona que suda bastante vas a acabar empapado en los primeros 10 minutos de paseo.

Lo mejor es que la mochila pequeña ocupe poco espacio cuando se pliegue y así poder guardarla cómodamente dentro de la mochila grande o amarrarla al exterior. Evitar las mochilas que tengan sistemas de ventilación ya que éstas no se pueden plegar.

Primer día de viaje en São Paulo. En cuanto pude quité lo que no utilizaba y metí todo en una sola mochila.

¿Qué llevar en la mochila?

Ropa

  • Ropa interior para mínimo 5 días y unos 3-4 pares de calcetines.

  • Un par de sujetadores.

  • Dos o tres pantalones cómodos (mejor si son desmontables).

  • Un par de camisas de manga larga (a poder ser que protejan de los rayos UV y sean de secado rápido). En nuestra mochila inicial llevábamos sólo camisetas pero poco a poco fuimos sustituyéndolas por las camisas. Son más frescas, si tienes calor te las arremangas y valen tanto para vestir un poco más arreglado como para subir una montaña.

  • Unas 3 camisetas de manga corta o tirantes.

  • Un forro polar (o dos si gran parte del viaje es en clima frío).

  • Un bañador. En caso de necesitar otros, los pantalones desmontables sirven como bañador.

  • Unas chanclas. Recomendables también sandalias tipo trail.

  • Unas zapatillas: recomendamos unas botas de montaña ligeras de media caña o deportivas de trail con algo de agarre para hacer caminatas.

  • Capa antilluvia.

  • Una toalla de secado rápido.

  • Si eres chica, un vestido que te pueda servir tanto para ir fresquita a la playa, como para arreglarte si te surge algún evento especial.

  • Los pareos son muy útiles porque tienen triple función: se pueden utilizar como pashmina, como pareo-vestido o incluso como toalla de playa.

  • OPCIONAL, y dependiendo del clima: mallas y camiseta térmica, extra de forro polar, chaqueta, gorro y braga para el cuello.

    Esta es la ropa que cargué al salir de casa, poco a poco, se fueron quedando cosas por el camino.

Botiquín

  • Siempre es recomendable llevar lo básico de un botiquín para atender las pequeñas urgencias que nos pueden ocurrir en un viaje.
  • Tijeras, esparadrapo y gasas.
  • Crema antibiótica, analgésicos, antihistamínicos, para el mareo, antidiarreicos, antiséptico para las heridas y repelente.

Aseo

  • Cepillo y pasta de dientes.

  • Desodorante.

  • Gel/champú. Nosotros nos acostumbramos a llevar pastilla de jabón: pesa menos, dura más y es más práctico para lavar ropa a mano.

  • Crema hidratante y protector solar.

  • Gafas de vista, lentillas, liquido para las lentillas.

  • OPCIONAL: maquinillas de afeitar, cortapelos, peine, pinzas para las cejas, copa menstrual y cazuela pequeña de cera depilatoria (muy muy útil si eres mujer, claro)…

    El neceser con lo básico para salir de casa e ir bien “aseado”

Documentación

  • Pasaporte en regla y con vigencia superior a 6 meses.
  • Cartilla de vacunación internacional. Importante asegurarse de las vacunas obligatorias que piden a la entrada de cada país.
  • Carné de conducir internacional (si tenéis pensado alquilar algún vehículo).
  • Tarjeta de débito/crédito.
  • Póliza del seguro.

Además llevamos una fotocopia de todos los documentos y los tenemos escaneados en la “nube”.

Tecnología

Este apartado es muy subjetivo ya que hay gente que llevará de todo y otros que pasen olímpicamente de llevar cualquier cacharro que tenga un circuito impreso en su interior. Nosotros, como parte del viaje lo dedicamos al tema audiovisual, vamos bastante cargados de estos trastos.

  • Portátil/computadora.

  • Cámaras de fotos y vídeo (con sus baterías, tarjetas SD, cargadores…).

  • Disco duro.

  • Libro electrónico.

  • Teléfono móvil.

  • OPCIONAL: Powerbank, mini-altavoces… No recomendamos llevarlo, no se le suele dar utilidad.

El “por si” no es una opción. Sé sincero contigo mismo, quiérete y no cargues con taaaaantas cosas. ¡¡COGE LO BÁSICO!!

Otros

  • Cordino de 3-4mm. Te vendrá bien para secar la ropa, atar cosas a la mochila, etc.
  • Saco de dormir. Importante que sea ligero y ocupe poco espacio.
  • Tienda de campaña. Un indispensable si quieres ahorrar en alojamiento. Evita las de tipo canadiense o las de montaje ultrarápido, lo que te interesa es que sea ligera y con buena impermeabilidad. Es recomendable que también quepan las mochilas dentro para resguardarlas de la lluvia y tenerlas vigiladas.
  • Imperdibles: Te solucionan un descosido en un pis-pas.
  • Material de camping: cubiertos, vaso y un plato. Si vas a estar mucho tiempo al exterior sería recomendable algún hornillo para cocinar. Existen modelos que apenas ocupan espacio y pesan realmente poco.
  • Adaptadores de enchufe y un triple. Infórmate sobre qué tipo de enchufe hay en cada país que vayas a visitar. Suelen ser muy baratos y lo mejor es que los compres allá donde los necesites.
  • Candado a poder ser de código (así te ahorras llevar la llave encima y no corres el riesgo de perderla).
  • Filtro de agua. Lo compramos antes del viaje y es una de las mejores inversiones que hemos hecho; nos ahorramos bastante dinero en agua y si sueles hacer rutas de montaña no hace falta cargar con muchos litros de agua ya que puedes ir recargando agua en ríos, manantiales…Nosotros compramos uno de la marca LIFESTRAW.
La tienda de camapaña nos ha permitido ahorrar mucho dinero en alojamiento y de dormir en sitios increíbles.

Consejos generales

  • Durante el viaje no acumules, sustituye (o elimina si no lo utilizas) lo que sea que se haya roto, estropeado o esté ya viejo.

  • Si no viajas sólo, hay cosas que se pueden compartir y así repartir el peso.

  • Reutiliza la ropa que no esté sucia y lávala cuando realmente lo esté.

  • Mete en tu mochila cosas prácticas y ropa cómoda. Muy recomendable prendas de secado rápido y mejor si no son blancas.

  • Enrolla cada prenda de ropa y guárdala en bolsas plásticas zip. Organizarás mejor la mochila, encontrarás antes lo que buscas, podrás separar la ropa limpia de la sucia y evitarás que se moje si llueve.

Esta “técnica” nos ha venido realmente bien para mantener la ropa seca y bien organizada.

¿Cómo montar la mochila?

Aquí hay toda una ciencia detrás para poner las cosas dentro de la mochila de la mejor manera posible, para que se distribuyan bien los pesos y además sea práctico el acceso a las diferentes cosas que llevamos. Lo mejor es que entréis en este enlace (donde lo explican muy bien) y luego vayáis adaptando a vuestras necesidades.

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Esperamos que este post os haya sido de ayuda y el preparar la mochila deje de ser un quebradero de cabeza. Es hora de que os pongáis manos a la obra y dejéis la mochila lista para salir ahí fuera…¡¡ a comeros el mundo!!

 

¿Qué tan peligroso es viajar de mochilero? Experiencias y consejos

Cuando hablamos con la gente sobre el hecho de llevar a cabo un viaje mochilero, el tema de la seguridad –entiéndase seguridad con respecto a la integridad física- se sitúa en el puesto número 2 del ranking por orden de interés (el número 1 suele ocuparlo la economía).

¿Qué tan peligroso es viajar por países con tan mala fama como Brasil o Colombia, de mochilero, acampando en cualquier sitio y viajando a dedo? Dicho así, incluso a nosotros nos suena mal. No hubiésemos dicho unos meses antes de comenzar, que lo llegaríamos a hacer con tanta ligereza y naturalidad como ahora.

Viajar, salir de casa, ya de por sí vivir, son hazañas que no se eximen de llevar intrínsecas ciertos riesgos. No obstante, la probabilidad de convertirse en víctima de algún incidente desafortunado es aún mayor si viajas, claro, haciendo autoestop, haces acampada libre, andas con una mochila que lejos está de pasar desapercibida y además, de vez en cuando, duermes en casa de desconocidos -haciendo “Couchsurfing”, contactando por Facebook, o aceptando el contacto “de un amigo de un amigo” que te puede alojar-.

Fabiula y Simão fueron nuestros primeros anfitriones Couchsurfing.

Antes de hablar de alguna de nuestras experiencias personales, queremos aclarar que escribimos este post llevando 5 meses recién cumplidos de nuestro mochileo por Latinoamérica, muchísimos kilómetros a las espaldas, anécdotas varias y algún susto que no entrañó más que eso; ser simplemente un susto que se convirtió en anécdota. Por lo tanto, si en algún momento de la lectura os da por alarmaros… ¡Tranquilos! Si ahora estamos escribiendo esto es porque todo salió bien.

Sustos que se convirtieron en anécdotas…

Para mí el peor trago haciendo dedo fue aquella vez en la que nos paró una camioneta en la que viajaban 4 tipos. “Lo siento, somos dos y no cabemos. Pero gracias”, les decimos. “¿No es su esposa? Pues entre usted y que se siente ella encima”, le dice a Sergio. Sin mucho tiempo para reaccionar y hartos de estar aguantando semejante solambre a luz del mediodía, nos montamos los dos. Él sentado, yo sobre sus piernas con la cabeza torcida por la falta de espacio –“si nos chocamos me rompo el cuello”-, pienso. Y no hubiese sido raro dada la velocidad y la conducción con la que el conductor pilotaba el coche. Pronto nos dimos cuenta de que el copiloto iba ebrio, y los dos de atrás eran dos armarios que le reían las gracias de una forma un poco grosera. Yo intentaba mantenerme callada, como queriendo pasar desapercibida, pero el colmo fue ver cómo el copiloto comenzaba a mostrarle a sus colegas los vídeos porno que llevaba en el móvil. Sin importarle, claro está, lo que podía incomodarme esto sobre todo a mí (Sergio no se dio ni cuenta; yo estaba sentada sobre su regazo y le tapaba la visibilidad). Sentía el corazón latirme en la garganta y el viaje –no tan largo, por fortuna- se me hizo lento y tortuoso. Comencé a imaginarme todo tipo de situaciones para nada gratas: “A ver qué podemos hacer con 4 hombres, 2 de ellos enormes. Correr, simplemente correr. ¿Conseguirían alcanzarnos?”. Gracias al destino, a la suerte, o no sé a qué, nos dejaron en el punto acordado, al pie de la carretera. Me bajé rápidamente y dije bastante malhumorada: “Lo siento, pero el autoestop se ha acabado por hoy. No me vuelvo a subir con 4 tipos nunca más”. Aunque esto, señores, fue un pacto conmigo misma que pronto olvidé.

Playa de Coquerinho
Como recompensa nos encontramos aquel día con este atardecer en una playa desierta (Playa de Coquerinho).

También tenemos varios ejemplos sobre cómo la propia gente te advierte en la calle. Una vez en Olinda, Brasil, íbamos con el teléfono móvil en la mano siguiendo la ruta que nos marcaba el GPS para llegar a la parada del autobús –como dato: el sitio no nos había causado sensación de inseguridad en los dos días que estuvimos allí-. Un matrimonio, a la puerta de una casa, nos silba y hace ademán con la mano para que nos acerquemos. “Guarde el móvil inmediatamente y no vaya por esa calle”, nos dicen. “Se están metiendo en un barrio muy peligroso. Si quieren llegar a la parada, den un rodeo por allá”. Por suerte, ahí ya entendíamos bastante bien el portugués, así que acatamos órdenes sin rechistar y les dimos las gracias por tan sabios consejos.

Olinda
Las calles de Olinda son muy pintorescas.

En otra ocasión estábamos en la playa de Salvador de Bahía regresando de camino al hostal al caer la tarde, aunque aún no era de noche. Se nos acercan tres muchachos navaja en mano y vemos ya de lejos que van como zarandeándolas en alto, algo alterados. Nos paran y, de pronto, lo que pensábamos que iba a ser un atraco inminente se convierte en un consejo: “No vayan por ahí, nos acaban de robar la mochila. Les he sacado la navaja, serán hijos de p***”. Uff… por los pelos. Una vez más la gente consiguió salvarnos de un posible –o bien probable- robo. En general, debo admitir que en los dos días que pasamos en Salvador de Bahía sí tuvimos sensación de inseguridad con bastante frecuencia.

Lo de Belém –de nuevo en el norte de Brasil- fue lo más. Antes de llegar y estando una vez allí, absolutamente TODO el mundo nos advertía: “Cuidado con las mochilas, que aquí roban mucho”, “Ni salgáis por la noche… es peligrosísimo”, “A mi sobrino lo secuestraron la semana pasada pidiendo rescate”, nos dijo la que nos hospedó a través de la plataforma AirBnb. La primera noche, cuando llegamos a su casa, nos quedamos boquiabiertos al ver la cantidad de cerrojos que tenía en la puerta y la valla electrificada que rodeaba el edificio. Pillamos tal paranoia, que el último día aún no nos habíamos atrevido ni a sacar la cámara de la mochila. Este mismo día pensé que ya estaba bien y la saqué en la calle. Vi tantos rostros voltearse hacia mí –no sé si por el interés para con la cámara, o porque simplemente pensaban que yo era una tarada inconsciente-, que la guardé rápidamente.

Belem
Esta es la única foto que nos atrevimos a hacer con la cámara

En Agra dos Reis (Brasil) contactamos con un anfitrión Couchsurfing que vivía en la periferia de la ciudad, en un barrio muy humilde. Tuvimos que hacer tiempo por la calle hasta que él terminase de trabajar y regresase a casa… Y de nuevo, un señor en la calle nos dijo que no fuésemos llamando tanto la atención con las mochilas por ahí. Le contamos la historia a nuestro anfitrión Arundo, el cual nos respondió que la gente vive con mucho miedo. Yo pienso igual.

Hemos dormido en sitios bastante extravagantes. La noche que llegamos tarde a Lagoinhas nos tocó pernoctar en la playa -ni nos molestamos en montar la tienda de campaña-, y nos la pasamos despertándonos intermitentemente con el sonido de algún quad haciendo travesía nocturna. Sin embargo, quizás la peor fue cuando, haciendo dedo, llegamos a las afueras de un pueblo llamado Casimiro de Abreu (Brasil), se puso a llover y como estaba anocheciendo, tuvimos que dormir en una casa abandonada -parte del relato lo describimos en esta entrada-. Creo que en las ocasiones de peligro muchas veces se me activa en el cerebro algo así como una defensa psicológica que me desactiva la capacidad de contemplar y enumerar riesgos. Simplemente, hago por dejar la mente en blanco y no pensar. Claro está, que no por ello no nos cuidamos de tomar ciertas precauciones, como utilizar luz roja dentro de la tienda para no llamar la atención de ningún curioso.

Sí amigos, esta es la casa abandonada en la que hicimos noche.

Nuestra primera ciudad en el viaje fue São Paulo. Quedamos con un chico suizo que habíamos conocido el día anterior y fuimos a dar una vuelta. Llegamos a la boca de una calle llena de fumadores de crack y muchachas intentando captar clientes a las puertas de moteles de mala muerte. Las cámaras colgadas al cuello rápidamente fueron guardadas. Poco después descubrimos que nos habíamos acercado peligrosamente a una zona de la ciudad conocida como Crackolandia: un par de calles plagadas de adictos a esta peligrosísima sustancia de la que tan difícil es desengancharse. Zombies vivientes, robos, sexo y violencia.

En São Paulo hay muchas personas adictas al crack, por desgracia.

Como este post ha consistido en una enumeración de acontecimientos fortuitos, quizás estemos dando una visión equivocada: no es tan peligroso como parece. Hemos echado muchas horas en la calle, algunos días enteros, nos hemos expuesto mucho a todo. Supongo que es el efecto de las malas noticias, que como son las que se cuentan, son las que más lejos llegan. Claro, nadie te va a decir que 1 millón de personas visita Río de Janeiro anualmente y no les pasa nada. Te contarán sobre aquel caso en el que un motorista se metió en una favela sin saberlo y fue disparado. 

Algunos consejos que nos han servido

Hay que tener siempre precauciones, esto es cierto.

    • Mejor ir vestido sin llamar mucho la atención: nada de relojes pomposos o ropa de marca, sobre todo en algunos lugares.
    • Informarse y preguntar a la gente local sobre barrios que es mejor tratar de evitar. Nosotros no solemos salir de noche si el sitio no nos da confianza.
    • Llevar los objetos de valor, como la cámara de fotos, en una bolsa plástica estilo “compra de supermercado” suele ser recomendable.
    • Tener en cuenta que en las ciudades, sobre todo si son grandes, siempre hay más peligro que en zonas rurales o pueblos.
    • La actitud también influye; el miedo se huele. Mejor caminar con seguridad y sin temor, pues pasas más desapercibido aunque se note que eres extranjero.
    • Pero, sobre todo, UTILIZA EL SENTIDO COMÚN. Ir hablando por el teléfono móvil en las calles de una gran ciudad es, como dicen los colombianos, “dar papaya”: es decir, estar creando tú mismo la situación propicia para que te roben.
    • Si se realizan trayectos en autobús, sobre todo si éstos son de larga distancia, es recomendable prepararse una pequeña mochila con los objetos más valiosos y nuestra documentación. Como la mochila grande va a tener que ir en el maletero del autobús, en caso de que nos roben no lloraremos tanto la pérdida.
    • Hemos oído algún caso de robos haciendo autoestop: al bajarse la persona del coche para sacar la mochila, el coche ha salido pitando. Para evitar esto, y siempre que se viaje en pareja, primero puede bajar uno, abrir el maletero, y sólo cuando haya sacado las mochilas que baje el otro.
    • Llevar siempre encima un candado no está de más. En algunos hostels se dispone de taquilla para guardar las pertenencias; eso sí, que el candado sea bueno.
En Colombia las favelas son llamadas comunas. En la foto, la Comuna 13, que a pesar de tener un pasado sembrado por el terror y la muerte, hoy en día resurge para ser un atractivo turístico (y muy recomendable) de la ciudad de Medellín.

Conclusión después de 5 meses mochileando

En Brasil vimos que en general la gente vive con mucho miedo por todo. ¿Será una técnica de los medios de comunicación informar solamente de las malas noticias para infundir terror y tener a la población controlada? A modo de ejemplo: nosotros solíamos viajar bastante con camioneros. Muchos nos decían que manejar de noche es peligroso porque los asaltos en la carretera son frecuentes. “Ah, ¿pero que usted fue atracado alguna vez?”, y siempre nos encontrábamos con la misma respuesta: “No, pero el compañero de un compañero…”. Y así una infinidad de veces.

La realidad en Colombia está siendo diferente a la que vivimos en Brasil. Actualmente llevamos dos meses en el país y en ninguna ocasión nos hemos incomodado ante situaciones extrañas. Es más, Colombia está abriéndose aún más al turismo por la actual situación de tregua con el tema de la guerrilla. Lugares hasta hace unos años controlados en exclusiva por el negocio del narcotráfico han sufrido un incremento en el número de visitantes anuales. Palomino, en la Guajira, es un ejemplo de esto.

Una vez más, agradecemos y os invitamos a que dejéis vuestros comentarios y compartáis cualquier tipo de duda, experiencia o simplemente opinión en el post. ¡Es gratis! Y sobre todo… nos hace mucha ilusión leeros 🙂

¿Viajar es caro? 5 meses, 2 países y miles de km Precio: 2000€ todo incluido.

Cuando le decimos a la gente que llevamos 5 meses viajando no es infrecuente encontrar miradas de confusión, sorpresa o incluso incredulidad. En algunas ocasiones nos miran como de arriba abajo sin decir nada; en muchas otras, directamente afirman: ¡Ah! Pero ustedes deben de estar montados en el dólar.

Pues la verdad es que NO. No estamos montados en el dólar (ni en el euro, vaya). Aunque suene sorprendente, viajar no cuesta dinero. ¡Se podría hacer gratuitamente si uno quisiera! Sabemos de gente que ha salido de casa sin nada, pero éstas, son otro tipo de circunstancias en las que no tenemos experiencia, así que no será el tema objeto de análisis para con este post.

Una buena forma de ahorrar viajando es moverse a dedo. Tardas más, pero el viaje suele ser más interesante.

Lo que sí sabemos es que lo que encarece los viajes son las comodidades a las que uno está acostumbrado, y las prisas que te llevan a querer hacer muchas cosas en poco tiempo. A modo de anécdota: cuando aún estábamos trabajando y solamente disponíamos de 17 días de vacaciones en verano, hicimos un viaje a Indonesia. ¿Sabéis cuántos vuelos cogimos en tan sólo 17 días? ¡9 vuelos! Lo pensamos ahora y… vaya par de locos. Estábamos tan ansiosos por aprovechar el tiempo que entre tours, islas, prisas y caprichos, nos gastamos algo más de 1.000 € por persona. Vamos, ¡lo mismo que nos gastamos ahora en 3 o 4 meses!

Actualmente hemos encontrado un equilibrio entre la comodidad que nos gusta (tomar una cerveza de vez en cuando, hacer algún tour, comer fuera unas cuantas veces por semana…), y un gasto contenido que nos permita estirar nuestro dinero hasta la próxima parada para trabajar de nuevo y volver a ahorrar. En este post te contamos cómo lo hemos hecho y cómo hemos ido evolucionando desde nuestros inicios en São Paulo, hasta el día de hoy, 5 meses más tarde.

En Bogotá no nos privamos de probar el Ajiaco, plato típico.

Al principio, como es de suponer, gastábamos más, pero poco a poco hemos ido aprendiendo una serie de truquillos que nos han hecho posible reducir el gasto de aquí y de allá.

Desde un inicio tuvimos claro que en el alojamiento no queríamos invertir mucho dinero. Los dos nos adaptamos a dormir donde sea (tenemos facilidad para coger el sueño rápido), así que normalmente nos decidíamos por la opción más barata que encontrábamos en internet. Pero ¡ojo! en Sudamérica los alojamientos más económicos no suelen estar publicitados, así que lo que mejor suele funcionar es llegar al lugar, explorar, preguntar e incluso intentar regatear a la hora de reservar habitación o cama.

Además, llevamos una tienda de campaña que hemos utilizado en numerosas ocasiones (¡ni se imaginan!): tanto en nuestras travesías de montaña o campings, como en otros lugares en los que se nos ha permitido acampar (ejemplo: en la Guajira, Colombia, estuvimos un mes entero alquilando parcelas para montar la tienda).

Acampados en una de nuestras travesías de varios días.

Con respecto a Couchsurfing, nos costó bastante arrancar porque viajábamos muy improvisadamente y no siempre sabíamos dónde íbamos a hacer noche (los gajes del autoestop, sobre todo en nuestro viaje por Brasil). No obstante, hemos conocido a muchos viajeros que se mueven así, y les ha ido de maravilla. Para ello es altamente recomendable adquirir una tarjeta de prepago del país en el que te encuentres, para tener siempre una mínima conexión a Internet. Debemos confesar que también hemos tirado de contactos que ya teníamos, o que hemos conocido de viaje, lo cual nos ha permitido quedarnos en sus casas en diversas ocasiones. Recientemente, sobre todo cuando vamos a destinos típicos o grandes ciudades, hemos probado a publicar en grupos de mochileros y viajeros que hay en Facebook, preguntando si alguien tiene hueco o una cama libre en casa. Es otra opción y ¿quién sabe? Algunas veces funciona.

En cuanto al tema comida, comenzamos como señores sibaritas haciendo desayuno, comida y cena fuera de casa. Sin embargo, en seguida vimos que a este ritmo poco íbamos a durar, y decidimos que lo mejor sería, por lo menos, desayunar y cenar en casa. El siguiente paso consistió, entre tanto arroz blanco y frijol (típico y extendido en toda Sudamérica), en aprovechar cada vez que teníamos cocina disponible -esto no siempre es posible- para hacer las 3 comidas en casa, a excepción de cuando nos veíamos vagos y perezosos, o simplemente nos apetecía comer fuera.

Arroz, salsa de tomate y cebolla, plátano frito y queso costeño. Esta comida la preparamos en casa.

Por supuesto, adaptarse a la comida local es siempre más económico. Cuando comenzamos por Brasil, nos costó un poco deshabituarnos a ciertos caprichos culinarios, como por ejemplo desayunar con cereales o tostadas de Nutella (en Brasil es realmente cara). Vimos que lo que nos costaba una caja de cereales o un bote de este delicioso dulce era el equivalente a lo que invertíamos en comprar leche, huevos, harina de yuca y alguna pieza de fruta, así que optamos por el “allá donde fueres, haz lo que vieres”, y ahora llevamos meses sin desayunar a lo españolito pero, ¡nos cuidamos como reyes! Otra cosa a tener en cuenta es dónde se adquieren los alimentos; los mercados en la calle suelen ser más baratos que los supermercados, y muchas veces preguntamos a algún vecino del pueblo o barrio para que nos recomiende alguna tienda a la que ir a comprar.

Intentamos quitarnos el vicio de calcular los precios en la moneda de nuestro país de origen. Lo mejor es adaptarse a la moneda del país que estés visitando. Por ejemplo, 6.000 pesos colombianos es el equivalente a menos de 2 euros o dólares. Hace unos días vimos que vendían unos trozos de pizza con muy buena pinta. Por ellos pedían esta misma cantidad, lo cual en España sería muy barato. Sin embargo, en Colombia por el mismo precio puedes encontrar menús que incluyan bebida, sopa y plato típico (arroz, frijol, carne, ensalada o patacón). Quizás a un español que esté turisteando por unos 15 días muchas cosas puedan resultarle una ganga aunque realmente no lo sean; no obstante, nosotros estamos haciendo un viaje mucho más largo y ¡cada céntimo cuenta! (Dato: al final no compramos el trozo de pizza).

Tratamos de aprendernos el precio aproximado de las cosas porque en muchas ocasiones hemos visto que lo inflan cuando ven que eres extranjero. Pronto nos metimos en la cultura del regateo, y aprendimos cuándo era momento de regatear y cuándo no: en los sitios en los que el precio está establecido no solemos hacerlo, pero cuando el precio no está escrito en ningún cartel o letrero, ¡amigo, somos duros como piedras! No nos da vergüenza ninguna andar preguntando el precio de las cosas antes de adquirirlas.

La fruta de mercado… ¡buena, bonita y barata!

Por lo general, viajando lento se gasta menos. Jugamos con los precios y las fechas de los transportes para adquirir tíquets a mejor precio. Nos da igual salir mañana que dentro de 5 días si el precio es más bajo. Siempre que podemos hacemos autoestop, y en cuanto al alojamiento, si sabemos que vamos a quedarnos más de dos días en un sitio intentamos que nos mejoren precio. 

Los tres puntos de gasto básicos son el alojamiento, la comida y el transporte. Aunque no somos muy dados a realizar tours, de vez en cuando hacemos alguno que sí valga la pena. En Brasil nos gastamos de media mensual algo menos de 400 €/persona, mientras que en Colombia hemos reducido a menos de 300 €/persona. Las razones son varias: las distancias en Brasil son continentales, y aunque lo hicimos casi todo a dedo, tuvimos que invertir bastante dinero alojándonos en cada punto del camino; en Colombia todo es más barato (no mucho, pero se nota); y la experiencia viajando, regateando y aplicando trucos.

Ruta hecha por Brasil y Colombia en los 5 primeros meses de viaje.

A modo de ejemplo, en un momento del viaje llegamos a un punto alejado de cualquier otro núcleo de población (Puerto Nariño, en el Amazonas colombiano). Nos quedamos sin dinero puesto que no había cajeros allí, y queríamos quedarnos unos días más. Ahí surgió la idea del trueque: intercambiar publicidad y trabajo de fotografía por alojamiento gratuito. No siempre lo hacemos, por ejemplo, cuando el alojamiento es tan barato que no merece la pena, o cuando solamente queremos hacer noche en algún sitio. Sin embargo, nos ha dado resultado en diversas ocasiones y hemos quedado ambas partes altamente satisfechas. Aclarar que siempre que hemos hecho esto ha sido con sitios que realmente nos han gustado, ¡nunca publicitamos algo que nosotros mismos no utilizaríamos!

En Bogotá también intercambiamos publicidad por alojamiento. Nos encantó este hostal.

El gasto en las ciudades suele ser más elevado: por el alojamiento, porque tendemos a comer más a menudo fuera de casa, por el transporte dentro de la ciudad (en grandes ciudades este punto es inevitable y el autoestop no es una opción), y de que además nos concedemos más caprichos (a todo el mundo le apetece de vez en cuando sentarse en una terraza a tomarse una cerveza, un helado o un batido de frutas).

De momento no hemos generado ingresos, pues tan sólo hace 5 meses que salimos de casa con nuestros ahorros listos para ser gastados. Sabemos que hay formas de ganar dinero viajando, y que mucha es la gente que las lleva a cabo (hacer artesanías, vender comida en la calle, hacer malabares, trabajos cortos y temporales, etc.). No obstante, nuestra idea es seguir disfrutando del viaje sin trabajar, hasta que se agoten los ahorros y tengamos que establecernos fijos en algún lugar para trabajar de nuevo durante algún tiempo. Seguiremos la filosofía de trabajar en países donde el sueldo sea más alto, para luego viajar por países donde todo sea más barato. De esta forma el dinero rinde mucho más.

Como ya hemos dicho, este es el estilo de viaje que nosotros hemos elegido. Sabemos que se puede viajar más barato y que mucha gente lo hace (obviamente también más caro). Sin embargo, pensamos haber encontrado el equilibrio que a nosotros nos satisface (de momento). Animamos a que cada uno encuentre el suyo pero… ¡no dejen de viajar!

Pueden consultar otros trucos relacionados con la economía del viajero en el post Viaja reduciendo gastos.

¿Creen que este presupuesto es alto?, ¿bajo?, ¿medio? ¿Qué se gastan ustedes cuando viajan? ¡Déjenos sus comentarios y compartamos más trucos sobre la economía del viajero!