Remontando el río Amazonas: 7 días en barco desde Manaos hasta Tabatinga

Lo exótico de este viaje no sólo reside en el hecho de pasar los próximos siete días en un barco por el río Amazonas (o Solimões, según gustos y preferencias), rumbo a Tabatinga, la triple frontera entre Perú, Colombia y Brasil. Tampoco reside exclusivamente en el hecho de que vayamos a celebrar aquí los 30 de Sergio -nadie puede decir que no es una forma original de comenzar la tercera década de vida-. Ni siquiera reside en el hecho de que daremos la bienvenida al 2017 a la vera del río, y despediremos a un 2016 cargado de momentos e intensidad con autenticidad y nostalgia. Lo que lo convierte en un posteo especial es, nada más y nada menos, que con él nos abrimos camino en el mundo del Blogtrip.

barco Fénix II
Más de 1400 Km recorridos en el Fénix II

Nos despedimos de Adélia, anfitriona y amiga, a las 10 y media de la mañana de un lluvioso lunes de diciembre en el puerto de Manaus. Y cuando digo lluvioso, me refiero a que, para que os hagáis una idea, el nivel del caudaloso río Negro había subido un par de metros con respecto al día anterior.

Una pequeña pasarela nos dio la bienvenida al Fénix II, un barco de tres alturas decorado al estilo de la bandera de Argentina, con los colores azul y blanco llevando la voz cantante. No debo negar que la primera impresión fue buena, mucho mejor de lo que nuestras mentes, siempre abocadas a una realidad no del todo confortable, habían imaginado. A la hora de llegada, el hogar de nuestro futuro más inmediato ya vestía adornado con coloridas y diversamente estampadas hamacas colgantes, colocadas a diferentes alturas. En ellas, los que calculo seríamos unos 150 pasajeros aguardaríamos la llegada del sueño por las noches. Por lo visto estábamos de suerte, pues la capacidad máxima del barco (contando a los pasajeros y a las 10 personas que forman parte de la tripulación) es de 342 plazas, por lo que el barco estaba lleno sólo a medio camino.

Los pasajeros del barco duermen en hamacas colgantes

El precio estándar para hacer la ruta Manaus-Tabatinga en temporada alta oscila entre los 330 y los 350 reales por persona. También existe la posibilidad de salvar esta distancia en lancha rápida, durante un itinerario de aproximadamente un día, pero en este caso el precio del billete se duplica. Según nos dijeron, en temporada baja (a partir de febrero), los pasajes estándar pueden conseguirse por unos 250 reales -hablo ahora del itinerario de 7 días en barco-. A cambio, el pasajero cuenta con 3 comidas incluidas al día, un bar donde comprar algún refrigerio (no es caro, una lata de cerveza cuesta 4 reales y una hamburguesa cuesta 6), y 7 básicos baños con ducha en la parte posterior. También existe la posibilidad de viajar en camarote, que se encuentran situados en la primera planta, lugar de carga de mercancías como azúcar y cervezas. Las dos Suite Casal (dentro de la gama top de la estancia en el Fénix II) están en la parte anterior de la segunda planta del barco, separadas de la zona de hamacas por un par de puertas enrejadas.

 

En la zona central de la primera planta hay pilas de aseo y una máquina que dispensa agua mineral fresca en vasos plásticos. Esta planta se encuentra más abarrotada que la planta superior, lo cual es una ventaja si no se dispone de un saco de dormir o una manta mínimamente gruesa para pasar las noches, pero un inconveniente durante el día, donde por momentos la brisa que percibes estando tumbado en la hamaca es prácticamente inexistente.

casas flotantes
Casas flotantes a orillas del río Amazonas

Como el barco salía al mediodía, los mejores lugares estaban ya ocupados, así que no tuvimos más remedio que establecer nuestra zona de campamento en la parte externa del tercer piso. Al final ésta resultó ser un área excelente, con vistas al río y a mi gusto no tan agobiante. La casualidad nos llevó a caer justo al lado del único mochilero español que había en el barco, aparte de nosotros: un catalán que lleva unos tres años mochileando por aquí y por allá, compartiendo sus aventuras en su blog La Volta a la Terra, y con el que rápidamente hicimos buenas migas.

Durante los tres meses de ruta por Brasil, ya nos habíamos percatado de que cuando un brasileño te dice “Nos vemos a las 12”, con probabilidad no aparezca antes de la una y media del mediodía. Sumando esto al diluvio que nos acompañó toda la mañana y parte de la tarde, dábamos por sentado que zarparíamos con algo de retraso. ¿Algo? Inocente. Pasadas las seis de la tarde despedimos la capital amazonense con el Sol desvaneciéndose en el horizonte.

atardecer frente a Amaturá
Atardecer desde el barco frente a la localidad de Amaturá

La rutina en el barco se desarrolla entre actividades como dormir, leer, jugar al dominó o a las cartas, conversar con la gente; también se forma algún grupo no muy numeroso frente al bar, donde se bebe y se escucha música. Nosotros aprovecharnos también para organizar y retocar fotos, editar vídeos, incluso hacer algo de ejercicio, y demás quehaceres que no precisan de conexión a Internet. En el techo hay clavijas para cargar los aparatos electrónicos, y aunque en esta trayectoria se va remontando el río, el itinerario es tranquilo y sin apenas movimiento, por lo que los que tengáis facilidad para el mareo podéis estar tranquilos.

Las comidas tienen un horario establecido: de 6 a 7:30h el desayuno, de 11 a 13h la comida, y de 17 a 18:30h la cena. Como podéis suponer, la gente se levanta pronto y se acuesta pronto. Por las mañanas suelen dar café con leche, algo de fruta, panes con mantequilla y algo de relleno. Las comidas y las cenas siempre consisten en arroz, feijao, farofa y pescado o carne, y puedes servirte a voluntad zumos artificiales de los que se preparan con sobre. Sin duda, este sería un buen punto de mejora, ya no sólo por la falta de variedad en los platos, sino porque a partir del tercer día comenzaron a haber algunos casos de intoxicación (Sergio y yo, por ejemplo, que nos pasamos día y medio convalecientes y sin otra preocupación que que algún aseo estuviera disponible). Además, sobra decir que cuando algo te ha sentado mal lo último que quieres es seguir comiendo, el resto de la semana y dos veces por día, exactamente lo mismo.

La limpieza del barco es, en general, mejor de lo que teníamos previsto. Todos los días barren los suelos y asean un poco los baños. Y conforme pasan los días, es posible ver cómo la gente comienza a relacionarse más abiertamente. Yo personalmente me divierto bastante con la costumbre que he podido observar en los latinos, que se cambian de ropa unas tres veces al día y se arreglan hasta puntos que muy respetuosamente considero innecesarios. No sé si esto es un hábito que adoptan solamente en periodos de aburrimiento o puede generalizarse a todos los ámbitos de la vida. A mi poco me faltó para sentirme como en casa y pasearme por la cubierta con mi pijama de verano. Otra cosa a tener en cuenta es que el barco va efectuando a lo largo de los siete días algunas paradas para subir y dejar pasajeros y cargar provisiones, demorándose bastante en algunas de ellas (tiempo máximo de espera de hasta 7 horas). Ahora mismo falta algo más de un día para llegar y somos muchos menos pasajeros que al comienzo, aunque tal como nos dijo nuestro vecino de hamaca, mucho más barullentos.

Pasajeros del barco
Confraternización transoceánica entre cubanos y españoles

Como punto para sellar este largo pero espero que no por ello muy pesado post, hablaré de un pensamiento que me viene rondando la mente desde aproximadamente el tercer día de estancia. Lo peligroso de levantarte y no tener mucha cosa que hacer es que cuando, en cierto modo, comienzas a cogerle el gusto, también te comienza a preocupar un poco que la semana de postración en barco te pase factura en un futuro, y te inhabilite la capacidad de ser un ser enérgico y despierto al que le gusta hacer cosas. En contraposición a los dos primeros meses y medio, en los que subimos nuestra media diaria de kilómetros recorridos muy acusadamente, nuestra estancia en Manaus y a continuación en el barco hacia Tabatinga, ha hecho posible que nuestros músculos se vuelvan vagos y perezosos. Por muchas vueltas que le des a la cubierta del barco y subas y bajes las escaleras para cambiar de planta o simplemente ir al baño, sigues estando en una cárcel flotante con bonitas vistas. Y no os dejéis engañar: el agua del Amazonas no es para nada apetecible, por lo que tirarse al río y nadar detrás del barco no es una opción para entretenerse.

Os dejamos con el vídeo del viaje hecho por Sergio 😉

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