Primer destino de un gran viaje: São Paulo, Brasil

Nuestras ganas de recorrer mundo centraron la atención en un continente tan diverso, extenso y hasta el momento desconocido para nosotros como América Latina. Sin ser deshonestos, el buscador de vuelos Skyscanner puso el acento, allá por mediados de septiembre 2016, en Brasil. Y cuando digo que puso el acento me refiero a que, por precio, volar a São Paulo resultaba la opción más económica.

Al fin y al cabo nuestro proyecto consistía en recorrer Sudamérica, y nos daba igual comenzar la casa por los cimientos o por el tejado. Lo importante era que la casa, al final, estuviera bien hecha. Y que Brasil sería, por siempre, nuestra niña mimada.

Nuestro primer destino: São Paulo

 

Avenida paulista, São Paulo
La tranquilidad de la Avenida Paulista a las 7am.

 

Tras casi 11 horas de vuelo, y alguna que otra película escasa de gusto, aterrizamos en la ciudad más grande que mis pies  han tenido la oportunidad de pisar. Una megalópolis de más de 11 millones de habitantes en la que se combina el ritmo frenético de la Avenida Paulista y sus rascacielos espejados, con la tranquilidad con la que los transeúntes se despreocupan del paso del tiempo tumbados en la hierba del Parque de Ibirapuera.

Los primeros días pecamos del “mal común del turista”: querer verlo todo en poco tiempo. Quizás porque los días en los que las vacaciones duraban no más de 15 días no quedan tan lejos. El parque de Ibirapuera, el Museo de Arte Contemporáneo, la Avenida Paulista caminada del envés y del revés, el Mercado Municipal, el Edificio Martinelli, la Catedral, la Plaza da Sé, el Jardín Botánico… Todo esto mientras nos encontrábamos, en cada esquina, con gente que habita (es decir, vive y duerme) las calles de la ciudad: los hijos del crack.

 

Parque de Ibirapuera, São Paulo
Vistas de la ciudad desde el Parque de Ibirapuera.

 

Siempre que emprendo un viaje me sorprendo a mí misma, con la mente en las nubes, coleccionando momentos que deciden autoguardarse en este cajón de sastre por tener algo que los convierte en relevantes. Este viaje, sin duda, no está siendo diferente.

Los hijos del crack

Estábamos paseando un día Feriado (de fiesta patronal) con un colega suizo que conocimos el día anterior, cuando llegamos a la antigua Estación de la Luz. Justo enfrente, vimos a ambos lados de la soleada calle a gente durmiendo en la cera o fumando crack, mientras un par de mujeres ligeras de ropa buscaban con la mirada a clientes a los que atraer hasta el hotel de la esquina.

Quizás pueda resultar morboso hacer de este un recuerdo coleccionable, pero de alguna forma nos sentimos en ese instante partícipes de una realidad tan auténtica, tan arraigada a la ciudad, que fue inevitable no sentir cierta dicha. La misma dicha que se esfuma cuando te conviertes en otro turista más, visitando un sitio cuyo encanto empieza a diluirse al mismo tiempo en que el gentío se apodera de él.

 

Mercado municipal, São Paulo
Calle abarrotada frente al Mercado Municipal de São Paulo.

 

Al día siguiente de nuestra llegada al barrio de Interlagos nos fuimos a curiosear un poco por la zona. Cuando ya llevábamos unas horas por ahí Sergio me dijo: “Hoy es jueves, y son las 15:50h. En nuestra vida anterior estaríamos entrando a trabajar ahora, pero mira dónde estamos: sentados enfrente de un supermercado en un barrio a las afueras de São Paulo, esperando a que amaine la lluvia, para regresar a la casa de una familia brasileña que será nuestra por 4 días”.

Poco después, al ver que el cielo no tenía planeado darnos un respiro, volvimos corriendo a casa mientras la lluvia nos mojaba el cuerpo, la ropa, y los coches nos pitaban al pasar.

Ese fue otro momento que guardaré en mi cajón

 

Beco do Batman, São Paulo
Arte callejero en el Beco do Batman.
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