ESPAÑA CON OJOS DE TURISTA (I): volver a casa tras un largo viaje

Sugerencia: si tenéis Spotify o Youtube a mano, os recomiendo leer el texto con la canción “Les Nuits” (de Nightmares on wax), de fondo. Por casualidad me releí este post con la susodicha canción sonando y me pareció mucho mejor que el silencio.

La primera vez que me desarraigué de los lazos del hogar fue a los 21. Fui beneficiaria de las ya expiradas becas SÉNECA que te permitían estudiar en otra universidad española y vivir, por ende, en otra ciudad.

Granada
Fui a estudiar a Granada. Me encantaban las vistas a la Sierra Nevada desde la ciudad.

 

Por aquel entonces, como tantos otros momentos en la vida, una no era consciente de que esto marcaría un antes y un después. Unos meses sin volver a mi pueblo -no más de cuatro- hasta la primera visita en Navidad, fueron suficientes como para ver mi casa con otros ojos.

Unos ojos más objetivos y una mirada más crítica.

Mi casa ya no era del todo mi casa. Era una casa ajena, con características buenas; otras no tanto. Apreciaba sus bondades y me fijaba en sus defectos. El jardín una delicia. ¿Quién no disfruta de un poco de Sol con un clima como el mediterráneo? Extrañaba terriblemente esto viviendo en un piso de 50m2.

Otros rincones, en cambio, se me antojaban escasamente iluminados. Habitaciones absurdamente dejadas en el olvido que tan sólo visitamos para guardar algún trasto-estorbo (trastos que se convierten en estorbos), o limpiar el polvo de vez en cuando.

(Pregunta: ¿por qué siempre la misma tendencia al exceso? Como en las comidas de Navidad, ¡leñe!).

cena de navidad

 

Incluso el olor. Por primera vez fui consciente de que mi casa tenía un olor característico en el que no había reparado antes.

¿Pero a qué viene todo esto, si este es un blog de viajes? Bueno, de viajes y también de reflexiones. Porque viajar nos abre la mente, y lo que os voy a contar va en la misma línea de pensamiento…

El caso es que me acordé mucho de esta sensación cuando regresamos a España después de un intenso año viajando por América. Vale que no era la primera vez para ninguno de los dos (que nos íbamos fuera, ¡digo!). Pero en unas vacaciones de un mes la sensación es descaradamente incomparable.

Necesitas más tiempo para desarraigarte de lo tuyo, y hacer de otro ambiente lo cotidiano.

España ya no era un país donde dábamos por hecho las cosas. Había dejado de ser nuestro particular ombligo del mundo por y para siempre. Lo de aquí no es más correcto que lo de allí. Ni nuestras tradiciones son mejores, ni nuestra forma de pensar la acertada, ni nuestros valores incuestionables.

En España, como en todos los lugares del planeta tierra, la gente ha forjado su peculiar y exclusiva forma de concebir el mundo.

España

 

Lo cual me lleva a pensar en definir qué es mejor y qué es peor. Supongo que coincidirás conmigo en que no hay un color mejor que otro. Unos prefieren el azul, mientras que otros se decantan por el verde. Algunas preferencias son estrictamente subjetivas (o casi).

Pero no todo es tan relativo. En lo referente a la sanidad o la educación, por ejemplo, seguramente haya una opinión más unánime al respecto. ¿Verdad que sabríamos a qué países tomar como referente en cuestiones académicas? Mejor Finlandia que Nigeria, donde la tasa de analfabetismo es mucho mayor, ¿no?

Pues creo que España se me antojó como lo que a día de hoy es.

Un país del sur de Europa, con una población de poco más de 45 millones de habitantes, y unos cuantos conflictos bélicos de más en la historia que lleva a sus espaldas.

Un país donde la gastronomía es brutal, el vino bueno, bonito y barato, el clima relativamente suave y estacional, la gente seria y maleducada (si comparamos con los del sur), o alegre y extrovertida (en comparación a los del norte). No me gusta generalizar de esta forma, pero a mis ojos es indiscutible que el clima es un condicionante decisivo del carácter cultural.

Reconocí el folklore español, tan peculiar y característico en lugares como el clicheístico bar Casa Paco, o la taberna de toda la vida, donde irte a tomar unas tapas o unas cañas. O unas tapas y unas cañas. Libre elección si preferís más tapas que cañas, o al revés.

bar casa Paco
El bar Casa Paco es más o menos así

 

Me re-indigné volviendo a la realidad de la situación laboral de mi país. ¿Cómo sin hablar un inglés perfecto era capaz de, en una semana, poder elegir entre varios puestos de trabajo en Canadá?. ¿Por qué aquí, a pesar de habernos pasado media vida estudiando, tenemos unas probabilidades tan altas de fracasar en la búsqueda de un trabajo que merezca la pena?

Observé la decadencia de algunos lugares: caminos de tierra alrededor de campos de naranjas no muy lejos de casa. Pensé también, en lo muchísimo que me hubiese gustado una ciudad con otra “Ciudad de las Artes y las Ciencias” como la de Valencia. ¡Dios! Nos pasamos una tarde entera tomando fotos a cada rincón.

Ciudad de las Artes y las Ciencias
Ciudad de las Artes y las Ciencias en Valencia, España.

 

Y no penséis que exagero cuando digo lo mucho que a los dos nos llamó la atención, montados en el último avión antes de llegar a casa, escuchar de nuevo el castellano a lo españolito. Ese “ceceo” tan característico aquí, y tan difícil de encontrar al otro lado del Atlántico.

En fin, que este año nos abrió la mente, en todos los sentidos.

Cuando conoces qué hay más allá de lo que estás predestinado a ver por haber nacido en una determinada latitud y longitud, tienes más herramientas para comparar qué te parece peor y qué te parece mejor. Amplías horizontes, rompes esquemas, y en más de una ocasión se te gira el cerebro. Literal.

Pero todo te lleva a ser una persona más justa, objetiva y racional. Flexible y tolerante.

Cierro reflexión con una conversación que tuve con una antigua y muy querida compañera de trabajo. Nos tomamos una jornada laboral de 40 horas a la semana como justa, porque nos han enseñado que lo es. Y ya está, punto y pelota. Mientras tanto consideramos que la gente en, por ejemplo China, trabaja de más.

mucho trabajo

 

¿Pero cuarenta horas a la semana es mucho o poco? Poco si comparo con las 12 horas diarias de media laboral en China, mucho si pienso en un tercio de mi vida. ¡Eh! Que otro tercio se me va durmiendo, y con alguna otra cosilla que hacer a la que me despisto se me pasa el arroz…

En fin, más vale seguir recabando información de todo lo que veamos dentro y fuera de España.

Cuanto más sepamos del mundo, mejor decidiremos si nos estamos montando la vida que queremos. ¿No crees?

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