Aventura en el Parque Estadual da Serra do Mar

En nuestra última noche en São Paulo despedimos la ciudad con la familia que nos había estado acogiendo en el seno de su hogar durante los últimos días. Intercambiamos realidades de nuestros países de origen durante horas, compartimos caipirinhas al ritmo de canciones de Estopa (lo que percibí como una deliberada mezcla cultural), y nos fuimos a la cama con la sensación de que habíamos arreglado un poco el mundo, o al menos, lo habíamos intentado.

Los siguientes tres días fueron algo que creo que encabezará, por mucho tiempo, nuestra lista de experiencias viajeras. Una expedición en el Parque Estadual da Serra do Mar rumbo a la Cachoeira do Elefante (la Cascada del Elefante), con un tipo que conocimos en el aeropuerto.

Primer tramo de carretera hacia el Parque Estadual da Sierra do Mar
Primer tramo de carretera hacia el Parque Estadual da Sierra do Mar.

Fue graciosa la forma en que comenzó todo. Nada más aterrizar en São Paulo, viene un negro a pedirnos cambio en dólares, con un cuento que no acabo de entender. Sergio se va con él, y una mujer se acerca a mí diciéndome que tengamos cuidado. Le hago una seña y empiezo a ponerme nerviosa al recordar todo lo que me han dicho de Brasil. “Es demasiado confiado”, pienso. “Ya estamos metiéndonos en líos nada más llegar”.

Vuelve al poco y me dice que está todo bien. Intercambian amistad en Facebook, y nos vemos, días después, quedando con él para ir a no sé dónde. Pues bien, “el negro” resultó ser un escotero –boyscout- buena onda (como diría él) con un corazón de oro, que se pasaba la vida viajando. Me aleccionó descubrir que su madre estaba tan preocupada por él y porque se fuera con unos desconocidos, como seguramente hubieran estado nuestras familias de haber sabido la historia entera.

No hay que pecar de inocentes, señores… Pero muerte a los prejuicios.

Con más de un tercio de nuestro peso cargado a hombros (la comida y lo que será nuestra casa ambulante por tiempo indefinido), anduvimos por verdes parajes de Mata Atlántica. La altura de los árboles nos protegía del sol mientras la humedad de la jungla nos abrazaba con calidez, del día a la noche, y de la noche al día. (Observación: esto va en serio, el reloj que días antes habíamos comprado en un mercadillo se pasó la expedición empañado a causa de la humedad).

Cascada del Elefante en el Parque Estadual da Sierra do Mar
Cachoeira do Elefante (Cascada del Elefante).

Nos bañamos en ríos y cascadas, encendimos hogueras (o al menos lo intentamos),  acampamos bajo las estrellas e incluso dormimos bajo la lluvia. Escuchamos con atención las historias de nuestro compañero de expedición, riéndonos mucho de algunas de ellas. Conocimos a un guarda que se pasaba el día solo y andaba loco por hablar, y a un policía militar amigo de la Masonería que nos abasteció con agua. Descubrí que en Brasil los caracoles tienen el tamaño de una pelota de tenis (lo menciono porque este momento me marcó mucho, al confundir un fruto con lo que eran dos caracoles apareándose).

Acabamos doloridos y magullados, con las piernas devoradas por los mosquitos y los pies llenos de rozaduras; el cuerpo más delgado, pero el corazón más contento.

Y antes de despedirnos de nuestro amigo, ya éramos conscientes de que lo echaríamos de menos.

Parque Estadual da Sierra do Mar
Cruzando uno de los tantos tramos de río.

Creo que es necesario asilvestrarse de vez en cuando. Cuando lo haces, olvidas toda preocupación que vaya más allá de tus necesidades básicas. Beber, andar, comer y descansar.

Te sientes agradecido al encontrar un río en el que bañarte, o un suelo blando sobre el que dormir. Agradeces aquel momento en que decidiste comprar un paquete extra de galletas en el supermercado. Compartes tiempo con la gente que te acompaña durante el camino, y también contigo mismo. Incluso te asaltan recuerdos que pensabas haber dejado olvidados tiempo atrás, por no tener cabida en tu anterior y acelerado ritmo de vida. Y ya de paso, te limpias los pulmones. Así que eso hicimos, dirigirnos a la isla de Ilhabela… con los pulmones limpios.

tangará arcoíris (Tangara seledon)
Precioso ejemplar de tangará arcoíris (Tangara seledon).

VÍDEO DE LA AVENTURA por Sergio L.

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